Webcam Venus: la belleza está en la mirada del espectador

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Si examinamos la breve historia de la cámara web podríamos concluir que desde sus inicios ha sido una herramienta ligada al voyeurismo y el control, cuyo potencial ha crecido de manera insospechada. Las cámaras web han pasado de monitorizar una humilde cafetera (como la que controlaba la primera cámara instalada en 1991 en la Trojan Room del Departamento de Informática de la Universidad de Cambridge) a facilitar el acoso a jóvenes mujeres por parte de hackers que controlan los ordenadores de sus víctimas y las vigilan gracias a un dispositivo que en muchos modelos está integrado en el propio ordenador. Pocos años después de ofrecer al mundo imágenes de una máquina de café, las cámaras web ya se empleaban para hacer de lo íntimo algo público, como en el caso de la web JenniCAM (1996-2003), que hizo famosa a Jennifer Kay Ringley simplemente por mostrar su vida privada en todo momento a los internautas. Desde entonces, las webcams han hecho posible ver rincones del mundo en tiempo real, realizar videoconferencias, interactuar con videojuegos y aplicaciones de realidad aumentada, y por supuesto han facilitado todo un sector de la industria del sexo online y numerosos proyectos artísticos.

Uniendo estas dos últimas categorías, el proyecto Webcam Venus (2013) de Addie Wagenknecht y Pablo García propone una interesante exploración del concepto de belleza y el papel del erotismo y la sexualidad en el arte. Los artistas se dedicaron durante un mes a visitar diversos sitios web de sexo online, en los que personas de ambos sexos posan ante su webcam y realizan actividades sexuales en función de las peticiones de los usuarios, con los que se comunican por chat. Empleando nombres falsos, contactaron con los strippers y les pidieron que posaran ante la cámara imitando una conocida obra de arte. Según explican los artistas, la intención de esta acción es explorar el encuentro entre la alta y la baja cultura, la separación entre un desnudo artístico y otro pornográfico:

Si preguntamos acerca de la diferencia entre la pintura renacentista El nacimiento de Venus (1468) y las páginas centrales de Playboy, la mayoría diría que no hay comparación: una es arte y las otras son pornografía. Una trata de los ideales humanos, las otras son una obscenidad. Pero, ¿son tan diferentes Botticelli y Hugh Hefner? Ambos proyectan fantasía e imaginería erótica a través de los medios de su época. Ambos son vehículos de políticas de género, definen estándares de belleza y sexualidad. ¿Qué pasaría si una serie de actores adultos (ya convertidos en objetos sexuales) adoptaran poses “clásicas”?

El proyecto se plantea redefinir así el concepto de belleza, al enfrentar al espectador con los cuerpos reales (no retocados ni idealizados) de los trabajadores del sexo virtual. La esfera de los amateurs cuestiona al mismo tiempo los modelos establecidos por los medios de comunicación, el cine y la publicidad, que nos presentan cuerpos perfectos, impolutos e incluso virginales, haciendo uso de un erotismo latente que se canaliza hacia la venta de un producto. Los modelos que posan ante sus cámaras web para un público reducido son, según indican Wagenknecht y García, “la apoteosis de nuestras partes más honestas, y sin embargo la parte menos valorada de la sociedad.” Las imágenes de estas personas posando junto a un cuadro nos recuerdan también el voyeurismo del espectador de arte, la ficción compartida por ambos (la modelo del cuadro y la del sitio web) y plantea abiertamente el carácter pornográfico de algunas famosas obras de arte, que se guardaban celosamente en las estancias privadas de ciudadanos respetables y poderosos a lo largo de siglos.

Por último, Webcam Venus plantea una reflexión acerca de las múltiples identidades que asumimos en los diferentes entornos virtuales, así como la distinción entre “vida real” y “vida no real” que supone la presencia en la Red. La actuación de las personas que posan ante la cámara no deja de ser una ficción, como lo es la identidad de su público, que puede ver cumplidas sus fantasías sin tener que revelar su persona ni compartir un mismo espacio físico. En este sentido, el trabajo de Wagenknecht y García puede compararse con proyectos como Cette absence (2012) de Grégory Chatonsky, que consiste en un programa que capta una imagen de la webcam del usuario y se la envía en una fecha posterior, Dance with Me (2007), también de Chatonsky, que muestra una serie de vídeos de jóvenes adolescentes bailando en sus dormitorios y permite al usuario controlar el ritmo de sus movimientos, o los proyectos recientes de Eva y Franco Mattes Emily’s Video (2012) y No Fun (2010), que exploran posibles ficciones en las que el público se describe a sí mismo. En estos y otros proyectos artísticos se plantea la relación entre ficción y realidad, junto con una mirada al inagotable universo de lo amateur.

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