Debate. El proceso como paradigma (3)

En la lista de empyre sobre el tema Proceso como Paradigma el tema del arte procesual (en sus más distintos aspectos expresivos) ha sido criticado por poder ser muchas veces ingenuo y simplista por su auto-referencia y su falta de dialogo con el entorno.

Una cuestión que se genera a partir de esta critica es si la autorreferencialidad es en si la razón para que una obra sea ingenua o si el ambiente digital necesariamente tiene que ser autorreferente.

Para el investigador Edward Shanken, se trata exactamente de lo contrario. Discutiendo la exposición comisariada por Jack Burnham en 1970 “Information Technology: Its New Meaning for Art”, menciona que la idea de la exposición era estimular un diálogo entre el software y el sujeto humano de modo que ambos vayan más allá de su estado original, creando una comunicación de dos vías en el arte. Las obras de arte generadas por el ordenador implica en descartar la visión clásica del arte y la realidad que sitúa el hombre fuera de la realidad para observarla, que también es parte de los paradigmas clásicos de la ciencia. Si el arte digital, en aquellos tiempos, apuntaban a una posibilidad alentadora de democracia fuera de las elites artísticas, de libertar el arte del objeto, hoy vemos que la realidad no ha sido ni tan libre del Mercado ni tan libre de los cánones artísticos tradicionales. Menos todavía de los objetos (la fascinación por los gadgets tecnológicos está más presente que nunca).

La diversidad de expresiones combinada con la especificidad de conocimientos exigidos al artista crea un ambiente que puede llevar a un proceso de creación que no tenga en cuenta el entorno, que esté demasiado preocupado con los detalles de la programación, y no intente crear una relación que supere lo contemplativo.

Sin embargo, si tomamos como referencia una de las definiciones del arte procesual propuestas por la co-comisaria de Proceso como Paradigma, Susanne Jaschko, donde “la acción é transferida a un sistema que se desarrolla con gran nivel de autonomía” y “en muchas obras el proceso ocurre en el mismo momento que la observación del visitante, en una correspondencia en tiempo real entre obra y observador” tenemos ahí una puerta de entrada al contexto que directamente puede cambiar la obra y se hacer presente de modo más o menos explicito. El hecho de ser procesual no torna una obra necesariamente autorreferencial, ni tampoco la autorreferencialidad tiene que ser tomada como un valor negativo de inmediato. Pero no queda dudas que las obras de arte digital enfrentan cuestiones típicas de las artes tradicionales, combinadas con el contexto del mercado tecnológico que intenta imponer y determinar usos y comportamientos, y el papel de los media en difundir y crear entornos de comunicación de masa cada vez más complejos y desafiadores.

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