Comisariado de Media Art: una conversación con Benjamin Weil

En el marco del curso Comisariado y conservación de arte digital, los alumnos han mantenido un debate acerca del rol del comisario, las instituciones y otras consideraciones relativas al arte de nuevos medios con Benjamin Weil, comisario jefe de LABoral y profesional con una larga experiencia en instituciones y centros tales como el Institute of Contemporary Arts (ICA) de Londres, San Francisco Museum of Modern Art (SFMoMA), o Eyebeam Art + Technology Center de Nueva York entre otros.

Recogemos a continuación algunas reflexiones de Benjamin Weil a partir de las preguntas y comentarios planteados por los participantes en el debate: Estefanía Asenjo, María Azar, Lis Beneitez, Elisa Boberg, Fernando Cerezo, Natalia Codesido, Marina Cuadrado, Miguel Ángel Fuentes, Fátima García, Lidia González, Candela Jiménez, Borja Lanza, María Llaneza, Julieta Manzano, Ana Menéndez, Sonia Monegal, Ángela Montesinos, Andrea Olmedo, Lara Salinas, Teresa Sánchez, Bárbara Sansone, Olga Sevillano, Pepa Telenti e Israel Vázquez.

Consideraciones previas

  • Comisariar media art es básicamente enfrentarse al hecho de que el proyecto artístico está mediatizado por máquinas, un soporte que no había sido concebido originalmente para crear arte. El artista trabaja con estas máquinas, ya sean ordenadores con programas concretos o equipos de grabación, que son de hecho productos de consumo pensados para otras funciones.
  • La especificidad de las obras de media art requiere un alto nivel de mantenimiento para el correcto funcionamiento de la exposición. Las máquinas se rompen, los ordenadores se “cuelgan”, y por ello al pensar en las obras que incluimos en una exposición debemos tener en cuenta las dificultades que puede acarrear su funcionamiento. Más allá de las implicaciones conceptuales, hay por tanto consideraciones prácticas, entre ellas la experiencia requerida para operar con la obra, y los costes que se derivan de ello.
  • A nivel conceptual, si bien la obra puede considerarse un objeto, un proyecto de media art es a menudo variable. Por ello, en mi opinión, es preciso considerar la intención artística como un factor determinante al trabajar con este tipo de obras.

El rol del comisario

En relación con el trabajo del comisario, hablaría de nuevos retos o nuevas limitaciones. También hablaría de nuevas responsabilidades, puesto que el comisario debe decidir cuál es la mejor manera de presentar la obra sin traicionar la intención artística y respetando las reglas básicas de las instituciones, en lo referente a los visitantes. En cierta manera, el comisariado de una exposición de media art implica una colaboración con técnicos además de artistas, y la consideración de las necesidades específicas de cada obra, en particular si se trabaja en un contexto tradicional del mundo del arte. Las complicaciones que pueden derivarse de adaptar una sala de exposiciones a este tipo de obras son infinitas. También está el tema las nuevas dinámicas que se crean con el público en el caso de las obras interactivas. Recuerdo, por ejemplo, que cuando presentamos 010101: Art in Technological Times en el SFMOMA, uno de nuestros retos principales era animar al público a tocar las obras en una de las plantas del museo, y recordarles que no debían tocar las obras en las plantas restantes.

En mi opinión, comisariar es observar y comprender una práctica artística, así como reflexionar acerca del contexto en el que esta obra será entendida y apreciada de la mejor manera posible. Se están haciendo numerosos experimentos en este sentido, de manera que muchas exposiciones están presentando de diversas maneras el resultado de las transformaciones que se están produciendo en la cultura actual. Por ejemplo, un experimento muy interesante llevado acabo por el comisario João Ribas, titulado Expanded Cinema (que es también el título de un gran libro de Gene Youngblood publicado hace 30 años), supone una manera de filtrar y organizar información en la Red, respetando el contexto de las obras y la manera en que deberían ser experimentadas.

No creo que los comisarios sean ajenos al sistema del arte, que es, por cierto, ni más ni menos democrático que otros sistemas. Los comisarios forman parte del sistema, como otros agentes del mismo (galeristas, coleccionistas, etc.). Los artistas son, por supuesto, los agentes clave del sistema, puesto que éste se basa en su trabajo. En mi opinión, los comisarios sirven de enlace entre los artistas y su público, y tienen la oportunidad de optimizar las condiciones de acceso a la obra a través de su contextualización.

Para ello, el comisario debe tener conocimientos de la tecnología empleada para comprender mejor las necesidades del artista y ser capaz de proporcionar apoyo y guía cuando sea necesario, en cuanto a la manera de presentar la obra en el espacio expositivo. En base a mi experiencia, considero que el comisario funciona como una caja de resonancia en el momento en que el artista instala su obra en la sala. Aquí lo más complejo es saber cuando intervenir, y cuando no, cuando estar disponible y al mismo tiempo evitar ser autoritario. En cuanto al trabajo en equipo, de la misma manera en que los artistas aprenden a trabajar con equipos de expertos en aspectos de su obra que no pueden manejar por sí mismos, los comisarios deben hacer lo mismo.

Acerca de la relación entre el comisario y el artista, puedo aportar dos ejemplos vinculados a la producción de obra para una exposición:

  • En el primer caso, el artista y yo nos reunimos en una serie de ocasiones para comentar el alcance de su proyecto. Identificamos las necesidades técnicas específicas del proyecto, que consistía en una proyección de vídeo en 4 canales sincronizados. El museo en el que yo trabajaba (San Francisco Museum of Modern Art) quería establecer los requisitos de la instalación, el equipo necesiario, la arquitectura del espacio,etc. Era necesario coordinar con el departamento de registro el formato de la obra, cómo debía llevarse a cabo su mantenimiento, etc. El papel del comisario en este caso era no sólo el de asistir al artista en la creación de la obra, sino también mediar entre el artista y el museo para facilitar al primero información que posiblemente desconocía. La institución tiene determinadas necesidades y requisitos, y por ello es importante que en su rol como mediador, el comisario sepa conciliar los puntos de vista del artista y los del museo. Este papel es esencial, puesto que es la garantía de que la integridad de la intención artística será tratada con el máximo rigor.
  • En el segundo caso, la artista trajo todos los elementos de su obra a la sala y literalmente esculpió el espacio con ellos, trabajando en estrecha relación con el espacio y creando una instalación site specific. En este caso, yo fui la “caja de resonancia”, en ocasiones aconsejando a la artista cuando tenía dudas, pero sin interferir en su obra. Esto también implicó un trabajo con el personal del museo, para quienes esta situación (una artista que trabaja durante tres semanas en la sala, sin que ellos pudiesen intervenir en forma alguna) era, como mínimo, poco ortodoxa.

El comisario ante el público

El museo ha pasado a convertirse en los últimos quince o veinte años en un espacio para la cultura de masas. Se construyen cada vez más mecas culturales de gran tamaño, con restaurantes, tiendas, zonas de descanso, actividades para niños, etc. Este es obviamente un modelo muy diferente al del museo tradicional, que estaba dirigido a una minoría, interesada y dedicada al arte. Sin entrar en juicios de valor, esto implica re-pensar como contextualizar la obra, como articular las visitas, presentar las piezas, algo que anteriormente no se planteaba en los museos.

Esto ha transformado el papel del comisario, quien solía ser una persona de formación académica que organizaba exposiciones e investigaba sin preocuparse mucho por el público, puesto que suponía que se dirigía a un público con suficientes conocimientos, y por tanto no era necesario atender a sus necesidades. Hoy en día, trabajar con las interfaces (folletos, cartelas, escenografía, etc.) se ha convertido en una parte significativa del trabajo del comisario. Debemos considerarnos traductores, embajadores, emuladores… somos en enlace entre el arte y un público que no tiene tanta formación ni interés, pero es el público que nos permite hacer nuestro trabajo. No podemos permitirnos ignorar al público, eso ya pertenece al pasado.

Con todo, no creo que el comisariado pueda pasarse al voto del público. Puede parecer elitista, pero creo que los comisarios poseen una experiencia y capacidad para comprender y contextualizar las obras de arte que el público en general no tiene. Siempre he tenido dudas acerca de dar voto al público, no porque sea incorrecto sino porque tiene connotaciones populistas. Yo puedo tener opiniones acerca de otras disciplinas, culturales o de otra índole, pero nunca consideraría que mi opinión es equivalente a la de un experto en ese ámbito. Por tanto, pienso que las selecciones del público pueden ser interesantes, pero sobre todo desde un punto de vista sociológico.

Media art y las instituciones del arte

Hay una serie de razones por las cuales el media art no se muestra habitualmente en museos e instituciones culturales:

  • La dificultad de presentar este tipo de obras, que requiere un alto nivel de mantenimiento y unos conocimientos técnico al que muchas instituciones no pueden acceder.
  • La falta de conocimiento de este tipo de obras, y por tanto la dificultad que supone crear un contexto adecuado para los visitantes.
  • La dificultad que supone coleccionar este tipo de obras y como consecuencia que muy pocos museos puedan coleccionarlas.

Las instituciones necesitan disponer de un equipo de técnicos, pero estos deben además tener un enfoque diferente al que tiene el equipo que se encarga de los sistemas informáticos del museo. Estos últimos deben pensar en establecer sistemas lo más eficientes posible, que puedan ser compartidos por todos y compatibles con el resto del mundo. En el caso de las obras de arte, la manera de trabajar debe ser diferente, más parecida a la labor artesanal. En SFMOMA, por ejemplo, los técnicos encargados de la informática en las salas no son los mismos que se encargan de los sistemas, si bien ambos colaboran. Por ejemplo, los servidores que alojan las obras de arte emplean Linux para tener mayor flexibilidad, mientras que los sistemas emplean Windows. Los ingenieros que mantienen los servidores en Windows no tratan con las máquinas en Linux.

Documentación y conservación

Todos los museos que coleccionan media art se enfrentan a un número creciente de problemas vinculados a la conservación y documentación de los formatos de las obras y el equipo necesario para su reproducción. Pero no es posible transformar un museo de arte en un museo de tecnología. Iniciativas como Matters in Media Art (apoyada por SFMOMA, MoMA NY y TATE) están desarrollando una serie de emuladores que permitirán conservar las obras en las colecciones sin por ello convertir los museos en depósitos de equipos tecnológicos. Esto sería además muy poco sostenible: mantener equipos antiguos es una tarea enorme que ningún museo puede permitirse.

Pero la conservación no se limita a las obras de arte. Cada vez más, necesitaremos conservar la documentación relativa a la presentación de un proyecto concreto. Esto incluye el equipo de visionado (si lo hay) y otros detalles relativos a la manera en que la obra debería funcionar, tanto a nivel mecánico como conceptual. La obra de arte no es ya simplemente un objeto. Es más bien una constelación de documentos que pueden incluir la encarnación física de la intención artística en un determinado momento. En este sentido recuerdo por ejemplo la obra de Carsten Höller. Este artista ha trabajado con bombillas incandescentes. A medida que estas van despareciendo, debe buscar soluciones para sustituir esas bombillas con otras (las nuevas bombillas afectarán al aspecto de la obra). La documentación de la obra es por tanto necesaria, aunque sea para facilitar a los comisarios en el futuro la decisión de nuevas alternativas para presentar la obra.

Una regla básica de la conservación (en cualquier aspecto) es que cualquier acción que se haya hecho en cuanto a la restauración pueda deshacerse. En el caso de los nuevos medios, las transferencias son constantes y frecuentes, pero todos los niveles que preceden a una transferencia se mantienen, de manera que es posible emplear un formato lo más próximo posible al original para crear una nueva copia máster o de visionado. Por ello es fundamental desarrollar sistemas de notación para documentar los medios inestables que sean tan universales como sea posible, así resultará más fácil volver a exponer las obras en el futuro. Considero que es importante promover y establecer determinados estándares, animar a los artistas a trabajar con ellos, siempre que ello no limite el alcance de su proyecto ni su creatividad.

Al respecto, recuerdo una anécdota interesante: antes de ser colonizado, en el sur de Africa se hablaba un sólo idioma. Al instalarse los evangelistas y otros colonos occidentales, empezaron a transcribir este idioma, pero lo hacían de diferentes maneras según su país de procedencia (Inglaterra, Holanda, Francia…). Hoy en día, en la región se hablan diferentes lenguas, algunas notablemente diferentes entre sí. Con esto quiero decir que podemos imaginar las múltiples maneras en que se puede interpretar una obra de arte y como ésta puede, en el futuro, generar una serie de obras basadas en la misma matriz. Por ello es necesario conservar otas, cuanta información sea posible, además de organizar dicha información de manera uniforme. En un simposio que tuvo lugar recientemente en LABoral se trataron estos temas. En este enlace se puede encontrar el relato del simposio.

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