Ciencia ficción para el futuro presente

En 1984, se repetía la noticia en los telediarios: con cierta satisfacción, los presentadores anunciaban que el mundo (al menos en los países ricos) no se parecía a aquella distópica sociedad totalitaria, sometida a la vigilancia omnipresente del Gran Hermano, que George Orwell describió en su novela 1984 (1948). Ese mismo año, Apple lanzaba el Macintosh 128K, el primer ordenador personal que se comercializó con éxito, con un memorable spot publicitario dirigido por Ridley Scott e inspirado en la novela de Orwell. Scott había dirigido dos años antes el film Blade Runner (1982), basado en la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968), de Philip K. Dick, un clásico de la ciencia ficción que inspiró a su vez al escritor William Gibson en la redacción de Neuromante (1984), una novela enormemente influyente en la que el autor elabora una detallada sociedad futura y describe con diez años de antelación el ciberespacio, que imagina como un entorno de realidad virtual. Arthur C. Clarke dijo en una ocasión que “nada está más muerto que la ciencia ficción de ayer”, y sin embargo estos relatos nos muestran la estrecha relación que se puede producir entre ficción y realidad, y como algunas fantasías pueden convertirse en premoniciones de una sociedad futura, a la vez que ofrecen un marco cultural con el que afrontar las nuevas situaciones sociales que propicia el desarrollo tecnológico. El Gran Hermano se ha popularizado de forma lamentable como un programa televisivo que celebra la pérdida de toda intimidad en favor de un descerebrado concepto de la fama, pero describe también el creciente poder de vigilancia y control que poseen los gobiernos y las grandes empresas: la proliferación de cámaras de vigilancia en ciudades como Londres (que cuenta con más de 10.000), la polémica generada por la recogida de datos por parte de los coches de Google, o el almacenamiento y uso de datos personales por parte redes sociales como Facebook son algunas de las facetas del Gran Hermano del siglo XXI. Los avances en ingeniería genética, por otra parte, llevan a pensar en los cultivos humanos descritos por Aldous Huxley en Un mundo feliz (1932), mientras que los tímidos desarrollos en robótica sugieren que tal vez en un futuro sea difícil distinguir entre humanos y androides, como sugiere Philip K. Dick, o que sea preciso instalar en los cerebros artificiales de los robots las tres leyes de la robótica ideadas por Isaac Asimov.

Entrevista a Brian David Johnson

A medida que la tecnología sigue desarrollándose a un ritmo acelerado, la ciencia ficción actual debe incorporar las nuevas preguntas que plantean los posibles usos futuros de los dispositivos y recursos que ahora se están ideando. En este sentido, deja de ser solamente una corriente literaria para convertirse en una herramienta al servicio de la investigación y el desarrollo de productos industriales. Una forma de predicción del futuro, o más bien de exploración de las posibles situaciones que se producirán en el futuro, bajo la influencia de los nuevos avances tecnológicos. Las empresas que se dedican a fabricar los ordenadores y dispositivos digitales que empleamos a diario también participan en este proceso de exploración del futuro. Fue Gordon E. Moore, co-fundador de Intel, quien predijo en 1965 que el número de transistores por unidad de superficie en circuitos integrados se duplicaría cada dos años y que la tendencia continuaría durante las siguientes dos décadas. La llamada “Ley de Moore” se ha cumplido durante más de 40 años, convirtiéndose en un símbolo del desarrollo tecnológico y la constante presión del mercado, y se enfrenta actualmente al reto que suponen las dimensiones microscópicas de los componentes que integran los chips. Brian David Johnson, autor de ciencia ficción que trabaja en Intel, explica que la corporación precisa de profesionales como él puesto que los chips se desarrollan 4 o 5 años antes de ser comercializados, y por ello necesitan predecir qué harán los usuarios en los próximos 5 a 10 años para ajustar el producto a los usos que tendrá a lo largo de su vida útil. Estas predicciones implican estudios propios de las ciencias sociales como de la tecnología y también la ciencia ficción, que en opinión de Johnson “nos ofrece una manera de pensar en el futuro y en las implicaciones que tendrá la tecnología en las personas que harán uso de ella”.

Siguiendo este planteamiento, Intel ha desarrollado The Morrow-Project, un proyecto literario en el que cuatro escritores de ciencia ficción han creado historias breves inspiradas en los proyectos de investigación que Intel está llevando a cabo en los terrenos de la fotónica, robótica, telemática, modelado físico dinámico y sensores inteligentes. Douglas Rushkoff, Ray Hammond, Scarlett Thomas y Markus Heitz esbozan un futuro no muy lejano en el que cada vez más tareas son confiadas a robots, los coches se conducen solos (y lo hacen mucho mejor que los peligrosos humanos), los dispositivos móviles se controlan con la mente y la Red lo domina todo. Sus aportaciones se recogen en un libro que puede descargarse como ebook o podcast.

Un aspecto interesante de estas historias es que, pese a su espectacularidad, la tecnología no es la protagonista, sino más bien las personas que la emplean y son condicionadas por ella. En los relatos se perfila un ser humano cada vez más dependiente de los dispositivos que lo rodean, hasta el punto de llevar consigo un asistente dotado de Inteligencia Artificial que atiende a todas sus necesidades o vivir en una casa dotada de sensores inteligentes que puede “cuidar” de sus inquilinos como una madre omnipresente e invisible. Los autores describen sistemas y dispositivos que sin duda resultan atractivos, pero evitan caer en la retórica utópica y triunfal a que nos tienen acostumbrados los vídeos promocionales de las empresas de Silicon Valley. En cambio, inciden en aquellos puntos oscuros, las situaciones contradictorias y las anécdotas que pueden producirse en la interacción entre humanos y máquinas, suscitando una reflexión sobre los usos futuros (y por tanto, presentes) de los dispositivos tecnológicos. Inciden en el hecho de que las máquinas no son simplemente herramientas que usamos sin más, sino que nos obligan a aprender su funcionamiento, entrar en su lógica de uso e incluso incorporar la cultura que se desarrolla a su alrededor. Aprender a usar un alfabeto específico para teclear mensajes en un aparato con la mente o personalizar la voz y el comportamiento de nuestro asistente virtual personal son tareas que según estos autores deberemos llevar a cabo en unos años. Esto, lógicamente, no tiene nada de nuevo, sino que es la lógica evolución de las tareas que llevamos a cabo hoy en día con tabletas digitales y smartphones, y por ello la situación que se describe sugiere una reflexión nada fantasiosa, sino perfectamente aplicable al momento presente. La pérdida de la intimidad y la posibilidad de contar en todo momento con una gran cantidad de datos son otras de las facetas de la sociedad futura exploradas en estos relatos. Será posible ligar con desconocidos contactando con sus dispositivos móviles (algo que ya se ha descrito en la práctica, fictícia, del toothing) y en cada casa se expondrá la propia intimidad en un concurso planetario por obtener la mayor cantidad de visitas de un público invisible, con los posibles beneficios económicos que ello conlleve. De nuevo se trata de situaciones que ya conocemos, pero que en el futuro se producirán en una escala diferente.

Los relatos que ofrece The Morrow Project son por tanto una forma de ciencia ficción para el futuro presente, una proyección en el tiempo de los usos de tecnologías que se están creando ahora, que inducen a reflexionar tanto sobre el futuro como sobre el presente. Marshall McLuhan dijo en una ocasión: “nunca predigas algo que no haya ocurrido ya”, y en cierto sentido el punto débil de estas narraciones es basarse en un desarrollo estable y hasta cierto punto políticamente correcto de unas tecnologías que ahora investigan Intel y otras empresas, y presuponer que las actitudes y las costumbres de las personas en el futuro serán las mismas que las actuales. Posiblemente sea así, pero lo cierto es que no existe una “Ley de Moore” para predecir lo que harán las personas en el futuro. Con todo, proyectos como éste sin duda contribuyen a hacer más asequible la comprensión de los nuevos avances tecnológicos, algo esencial en una era en la que, como afirma Roger Malina, la ciencia y la tecnología avanzan con tanta rapidez que la sociedad no tiene tiempo de elaborar un marco de conocimiento y un vocabulario con el que dar sentido a estos avances en nuestra cultura.

The Morrow Project: descargas

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Libro completo
Book: The Morrow-Project

Capítulos
Chapter: Last Day of Work – by Douglas Rushkoff
Chapter: The Mercy Dash – by Ray Hammond
Chapter: The Drop – by Scarlett Thomas
Chapter: The Blink of an Eye – by Markus Heitz

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Un comentario en “Ciencia ficción para el futuro presente

  1. Hola mi nombre es José y trabajando para un nuevo proyecto de Gran Hermano he encontrado este interesante artículo que me hizo cuestionar varias cosas respecto a los reallity de televisión y como se puede aplicar ese concepto hoy día a lo que son las redes sociales como mencionabas Facebook, aunque esto es en cierto punto sin fines de lucro es increible lo expuesto que estamos al mundo en una red de estas dimensiones. Fotos, videos, amigos, nuestros gusto y pensamientos plasmados al mejor estilo “Gran Hermano” TV.
    Pero en una forma cruda debo verlo como un actual método de ingresos económicos para mi del cual saco beneficios, y por esto es que me llamó sumamente la atención el modelo que se plantea de un gran hermano en el cual cada uno o familas esten en sus casas completamente rodeados de camaras para un premio final meramente económico exponiendo tatalmente su intimidad. Creen que llegará ese momento? (Aunque como dije antes me beneficio de esta cruda realidad espero que no sea así)
    Gracias por compartir este interesante artículo.

    José Vargas

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