Escribiendo la historia del arte digital

Por Pau Waelder

Si bien es extensa, la bibliografía relativa al encuentro entre arte, ciencia y tecnología adolece de una notable fragmentación y de la dificultad que plantea consensuar una serie de etiquetas con las que definir los heterogéneos proyectos que unen a artistas, científicos, ingenieros y otros expertos en un tipo de producciones que se mueven entre la creación artística y la investigación. Las nuevas tecnologías se desarrollan con gran rapidez y son adoptadas por los artistas en formatos que requieren nuevos términos para ser descritos, lo cual dificulta establecer unas categorías generales cuya validez se mantenga pasados unos años. El propio entorno en el que se presentan las obras de arte digital propicia una cultura de lo nuevo, en la que a menudo se valora ante todo la innovación técnica y la invención de neologismos. Los festivales de arte digital son un ejemplo de ello, puesto que procuran ofrecer cada año un panorama de los temas más actuales y los últimos proyectos que se han creado, adaptándose en cada momento a las tendencias más populares. Entre los más veteranos, cabe destacar el festival Ars Electronica de Linz (Austria), que convoca desde 1987 el Prix Ars Electronica, una serie de premios a las mejores creaciones en diferentes categorías. Los cambios que se han producido en dichas categorías en los últimos 23 años demuestran cuán efímeras pueden ser las etiquetas con las que se pueden diferenciar las distintas vertientes del arte digital. La tendencia contínua a la innovación ha dificultado hasta cierto punto una reflexión de conjunto y ha planteado la duda de si la tecnología puede estar metiendo al arte en un “agujero negro”. Stewart Brand criticaba en un artículo para la revista WIRED, hace ya 17 años, la rapidez con la que los artistas obtenían reconocimiento y la falta de solidez de un arte basado en la búsqueda contínua de lo nuevo:”Es la paradoja de la novedad: nada envejece más rápido (…) ¿y qué ocurre con el arte? ¿Cómo obtendrá una cultura cualquier tipo de estética, fundamento o continuidad de unas obras de arte con la longevidad de las cachipollas? ¿Acaso escapa algo permanente del agujero negro de la tecnología acelerada?”. Hoy en día, el arte digital sigue en gran parte ligado a la regla de la novedad continua, pero también es cierto que se van consolidando las carreras de algunos artistas y se multiplica la investigación acerca de las corrientes históricas en las que se integra esta práctica híbrida.

Que se escriba una historia del arte digital (o más ampliamente, del arte electrónico) repercute no sólo en la consolidación de esa estética y fundamento que Stewart Brand reclama para la cultura contemporánea, sino también en la propia aceptación del arte digital por parte de las instituciones y los representantes del mundo del arte. Es una realidad que el arte de nuevos medios ha permanecido durante años en una especie de ghetto y aún no ha conseguido establecerse ni en los museos ni en el mercado del arte (véase el artículo Arte digital y el mercado del arte: ¿una presencia ignorada? que publiqué en este blog hace unos meses). Por este motivo, considero especialmente relevante que las principales editoriales de libros de arte hayan dedicado unos pocos volúmenes a ensayos que procuran presentar una visión de conjunto de la historia y la práctica actual del arte digital. Su aparición responde, por una parte, a la necesidad de contar con una síntesis coherente y ordenada de un tipo de arte especialmente difícil de acotar y etiquetar, y por otra contribuye a validarlo como forma de arte legítima ante los profesionales del mundo del arte contemporáneo (ya sean críticos, comisarios, directores de museos, galeristas o coleccionistas). A continuación, haré un breve repaso de algunos de los títulos aparecidos en los últimos años, que representan diferentes acercamientos a una posible historia del arte digital.

Christiane Paul, Digital Art
En 2003, la editorial Thames and Hudson publica en su popular serie World of Art (compuesta por manuales en edición rústica que se dedican a las diferentes épocas de la historia del arte) un libro titulado escuetamente “arte digital” y firmado por la comisaria adjunta de New Media Art en el Whitney Museum de Nueva York. Siguiendo el modelo de otros libros de la serie, Paul emplea un lenguaje sencillo y directo para exponer, de forma ordenada, los principales aspectos que definen el arte digital, así como los temas acerca de los que, en general, tratan las obras. El libro se completa con un glosario, algo que se antoja bastante necesario ante la multitud de términos propios de la informática y las telecomunicaciones que aparecen regularmente en el libro y son ajenos a los conocimientos de un aficionado o experto en arte. La autora se plantea una clasificación general a partir de ciertos términos relativamente amplios y una acertada revisión de los temas que se pueden extraer de los proyectos realizados en este ámbito. Se centra en el arte realizado en los años 90, tomando como punto de partida la llamada “revolución digital”, pero haciendo una muy breve referencia al trabajo de los pioneros en los años 60 y 70, además de las obligadas referencias a figuras destacadas del arte del siglo XX como Marcel Duchamp o Lázsló Mohloy-Nagy. Otro aspecto a destacar es la distinción que hace entre el uso de las nuevas tecnologías como herramienta (refiriéndose a la práctica común de retocar fotografías con programas informáticos) y como medio, siendo este último el uso que caracteriza al arte digital en cuanto aprovecha las posibilidades introducidas por las nuevas tecnologías y reflexiona sobre su impacto en la cultura contemporánea. El texto de Paul constituye por tanto una buena introducción al arte digital, aunque limitada por la propia franja temporal que ha escogido la autora y sujeta a la obsolescencia de las obras y los conceptos que presenta en el libro, algunos de ellos superados.

Mark Tribe y Reena Jana, New Media Art
En 2006, la editorial Taschen, conocida por publicar monografías de artistas y épocas de la historia del arte a precios muy atractivos, presenta un delgado volumen dedicado al “arte de nuevos medios”. En él, Tribe (fundador de Rhizome.org) y Jana (crítico de arte) afirman nuevamente que el arte digital tiene sus raices en corrientes artísticas del siglo XX, tales como el Pop Art, los happenings o la obra del inevitable Marcel Duchamp, y proponen entender el “New Media Art” como un movimiento artístico surgido en los años 90 a raíz del acelerado desarrollo de las nuevas tecnologías. De esta manera, el arte que emplea ordenadores y explora las posibilidades creativas de Internet se distingue de manifestaciones anteriores y simultáneas como el video arte o el arte electrónico. Siguiendo el ejemplo de Christiane Paul,  los autores se centran principalmente en el arte de los años 90 y principios del siglo XXI, que definen por medio de una serie de ejemplos y una breve exposición de temas que permiten agrupar en cierta manera las obras. El libro de Tribe y Jana, no obstante, es más limitado puesto que se basa principalmente en elaborar unas breves fichas de una serie de artistas que se ven representados con una única obra.

Edward Shanken, Art and electronic media
Frente a lo modesto de las ediciones de los títulos anteriores (edición rústica, tamaño de bolsillo), el libro que la editorial Phaidon dedica en 2009 al arte digital (y electrónico) resulta particularmente llamativo: un voluminoso tomo de grandes dimensiones, con un vistoso diseño y numerosas fotografías. Un libro que podría haberse limitado a ser el típico “libro de mesita de café”, atractivo pero hueco, de no ser por el esfuerzo realizado por Edward Shanken para presentar una visión coherente del arte vinculado a los medios electrónicos. El título se enmarca en la serie “Themes and Movements”, en la que cada libro se centra en un período o movimiento artístico concreto y ofrece una visión “tan completa como una retrospectiva de museo”, según reza la solapa. Shanken sigue el modelo impuesto por la editorial, que divide el volumen en tres partes, un ensayo, una selección de obras comentadas y otra de documentos que permiten adentrarse aún más en el tema. Dentro de este esquema, el autor procura establecer una genealogía del arte electrónico que lo conecta con los pioneros del siglo XX y con los artistas contemporáneos más conocidos, rompiendo así la separación entre arte contemporáneo y arte digital que los otros títulos habían ignorado o descuidado. Con este fin, Shanken amplía su radio de acción al incluir los medios electrónicos (que le permiten recoger las aportaciones realizadas desde los años 60) y proponer una serie de “corrientes temáticas” muy amplias y algo vagas (como por ejemplo: “movimiento, duración,iluminación”) con el fin de hermanar prácticas muy diversas, tanto basadas en medios digitales como en recursos más comunes como pueden ser las luces de neón.

Wolf Lieser, The World of Digital Art
En 2010, el galerista berlinés Wolf Lieser, fundador y director del Digital Art Museum, publica en una lujosa edición su ensayo acerca del arte digital, en el que trata también de ofrecer una visión panorámica, si bien bajo la influencia de su experiencia personal. En este caso la editorial (H.F. Ullmann) no tiene tanto peso como las anteriores y es la propia trayectoria del autor la que otorga un particular interés a este título. Lieser, conocedor y promotor de la obra de artistas pioneros como Manfred Mohr o Frieder Nake, centra buena parte de su libro en las exploraciones que se realizaron entre los años 60 y 80 y explica con detalle el trabajo de los algoristas y técnicas como la impresión en plotter. También presenta temas y prácticas actuales, incidiendo en las aportaciones de artistas que representa en su galería y por tanto conoce bien. El libro se completa con artículos de otros expertos y un DVD con una interesante selección de obras que, si bien no constituyen una representación ideal de la historia del medio, si aportan una documentación valiosa, acotada al ámbito en el que se mueve el trabajo de Lieser como galerista y teórico.

Estos cuatro títulos ejemplifican formas muy diversas de escribir la historia del arte digital, a la vez que demuestran las dificultades de tal empresa. En un momento en que la propia práctica artística debe madurar, y también es preciso llegar a un consenso acerca de los términos que se deben emplear para definirla (es característico el baile de términos empleados para describir este tipo de arte, siendo todos ellos válidos e insuficientes a la vez), no hay fórmulas establecidas si no que se van construyendo sobre la marcha, en función del criterio de los autores y sus editoriales. Edward Shanken afirma al respecto de su libro que la historia del arte electrónico “no tiene canon” y posiblemente no pueda tenerlo, pero en cualquier caso estas historias del arte digital contribuirán a formar, aunque sea de manera parcial o contradictoria, la historia del arte de nuestra época.

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