La fábrica de films amateurs

Por Pau Waelder

Uno de los temas que hemos tratado en el curso Cultura lúdica y entretenimiento digital ha sido la aparición de un nuevo tipo de consumidor de los productos culturales, el espectador activo, el usuario que no se limita a la recepción pasiva sino que crea sus propios contenidos y los cuelga en la Red. Como hemos indicado en un artículo anterior, el consumidor se convierte en protagonista a medida que sus aportaciones cobran mayor relevancia e incluso se posicionan en un nivel similar al de las producciones profesionales.

Como indica Jeff Howe en su libro Crowdsourcing. How the Power of the Crowd is Driving the Future of Business, las creaciones de usuarios y fans constituyen ya un universo de contenidos digno de ser tomado en consideración:

«En los últimos años ha emergido un universo paralelo en los medios de comunicación y las industrias del entretenimiento. Compuesto por todo tipo de cosas, desde los ripios de los adolescentes en MySpace a las críticas de libros colgadas por los lectores en Amazon.com, este flujo creativo de la gente anteriormente conocida como consumidores se etiqueta con el deshumanizante término ‘contenido generado por los usuarios’ (…) Sin embargo, mucho de ello es extraño, poderoso y único, el producto inspirado de personas a las que súbitamente se les concede un foro para su creatividad.» [1]

El vídeo casero deja progresivamente de ser un despreciable subproducto de los medios de comunicación, el torpe resultado de poner en manos de un aficionado unas herramientas de producción audiovisuales cada vez más profesionales. Si bien sigue siendo cierto que la gran mayoría de los contenidos del portal YouTube tienen poco interés, como señala Howe la enorme cantidad de vídeos que se publican a diario hace que, aunque tan sólo una décima parte tenga algún valor, el número de contenidos que puedan competir con el de los medios profesionales es sin duda considerable. El autor llega a afirmar que «el futuro de la industria del entretenimiento será encargado, al menos en parte, a los usuarios».

Entre estos usuarios se cuentan numerosos jóvenes profesionales que crean contenidos de calidad para darse a conocer y acceder a los grandes estudios (un ejemplo notable de ello es el caso del director uruguayo Fede Álvarez, quien gracias a su cortometraje Ataque de pánico! ha logrado captar la atención de los estudios de Hollywood). Pero no se trata únicamente de que un “simple usuario” pueda crear un producto a nivel profesional con espectaculares resultados. También se produce el efecto inverso, es decir, la imitación del aspecto inacabado, torpe o de baja calidad propio de un vídeo aficionado por parte de un estudio profesional.

El éxito de los vídeos de aficionados en YouTube ha enseñado a los productores mediáticos el valor de un contenido que se identifica como creado por un usuario y que como tal se distribuye de manera viral entre el público, consciente de estar compartiendo con sus amistades algo que es ajeno a las campañas de marketing y las creaciones de los grandes estudios y cadenas de televisión.

El estilo del vídeo de aficionado integra en sí mismo las cualidades de autenticidad y frescura que no se aprecian en un producto profesional, impecable pero a la vez frío y artificioso. Las tomas con cámara en mano, los cortes abruptos, la improvisación y los fallos de iluminación se suman a la escasez de medios que a menudo se resuelve con ingeniosos apaños. Todos estos elementos constituyen la estética amateur, fácilmente identificable y por ello imitada en ocasiones por los productores mediáticos que aspiran a conseguir que el público se identifique con un determinado producto y lo distribuya de forma viral.

En este punto se revela la paradoja de esta estética amateur, puesto que pese a que la torpeza del aficionado puede resultar cómica o incluso entrañable, las limitaciones y errores de una producción amateur real, con interminables tomas en las que no sucede nada, iluminación y sonido deficiente o insufribles demostraciones de supuesto talento, resultan insoportables para un público educado por los medios de comunicación. A la vez que el espectador se identifica con un contenido amateur, que sugiere la posibilidad de romper la dependencia de las producciones profesionales y consumir algo nuevo, necesita que este mismo contenido esté codificado según los parámetros a los que está acostumbrado. Por ello, el producto resulta ideal cuando integra la apariencia de una producción de aficionado en un formato profesional.

Be Kind, Rewind – Trailer

El trabajo del director francés Michel Gondry constituye un buen ejemplo de ello. Sin querer “infiltrar” sus producciones en el ámbito de los “contenidos creados por usuarios”, sino aplicando una mirada desenfadada y juguetona al proceso de creación audiovisual, Gondry ha desarrollado una estética cercana a lo amateur con un particular toque en ingenio. En el film Be Kind, Rewind (2008), el director juega con las posibilidades creativas de la producción casera a la vez que ensalza al espectador imaginativo frente a la opresiva imposición de los productos de los grandes estudios de Hollywood, a través de la historia de dos jóvenes dependientes de un video club que se ven obligados a reproducir con sus propios medios diversos films de masas como Cazafantasmas o Men in Black. En la película, los títulos recreados por los dos protagonistas de definen como “suecados” (sweded), algo que podríamos describir como “versionados en estética amateur”. Gondry logra llevar a cabo esta transformación con mucho ingenio, lo cual constituye uno de los principales atractivos de la película.

No obstante, el director francés no se limita a «suecar» producciones de Hollywood en su película, sino que invita a los usuarios del sitio web oficial de la película (BeKindMovie.com, ahora desaparecido) y el canal de YouTube a enviar sus versiones «suecadas» de sus films preferidos (esta idea inspira también el sitio web Sweded Films, gestionado por un fan). Posteriormente, Gondry presentó en 2008 en la galería Deitch Projects de Nueva York una muestra en la que se instalan diversos decorados del film y se invita a los visitantes a realizar sus propias películas, que podían verse posteriormente en la misma galería. Este mismo proyecto es el que ahora ocupa diversas salas del Centre Pompidou en París, bajo el título L’usine des films amateurs.

Michel Gondry : rétrospective et carte blanche

Organizada con motivo de una retrospectiva de los films del director, esta iniciativa permite a los visitantes realizar un cortometraje en tan sólo 3 horas, desde la redacción del guión hasta la filmación con actores y efectos especiales caseros. La intención de Gondry es simplemente facilitar al público los medios para crear sus propias historias, llevando un paso más allá las posibilidades que ahora ofrecen los dispositivos digitales y el software de edición audiovisual. Según indica el director:

“La creatividad se distribuye demasiado poco (…) Hace tiempo que tengo el proyecto secreto de reciclar una sala [de cine de París] e instalar un espacio comunitario, en el que todo el mundo pueda filmar lo que quiera y luego proyectarlo. Esta utopía de un sistema autónomo, he tenido la oportunidad de concretarla en el marco ficticio de Be Kind Rewind. A continuación he querido hacerlo realidad.”

Gondry habla de un “socialismo visual”, en el sentido en que los productos audiovisuales ya no son propiedad de unos pocos, sino que cualquiera puede participar de la cultura visual produciendo sus propios contenidos y compartiendo sus visiones. Esto genera, a su vez, una relación diferente con el producto que se consume, como hemos indicado anteriormente. Según afirma el director francés:

“Lo que intento es abrir también la «fábrica» de los films. Con este proyecto, la gente hace su propia película y disfrutan de ella porque están en ella, porque la han creado. Es una experiencia distinta a la de ver un producto creado por un artista que expresa su punto de vista o bien por una industria que intenta responder a las supuestas demandas del público…”

El vídeo amateur se convierte así en un género con una estética y unas reglas propias, además de una reivindicación de la capacidad creativa de cada individuo.

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[1] Jeff Howe. Crowdsourcing. How the Power of the Crowd is Driving the Future of Business. Londres: Random House, 2009, 75.

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