Arte contemporáneo y "numérique"

Art contemporain nouveaux médias

Por Pau Waelder

 

Desde que, a principios de la pasada década, el arte digital empezará a encontrar un lugar en las revistas de arte contemporáneo y en las colecciones de las principales casa editoras de libros de arte (entre las más conocidas, Thames and Hudson, Phaidon y Taschen), los esfuerzos por presentar el encuentro entre arte y nuevas tecnologías al público del mundo del arte a través de monografías y ensayos ilustrados se han multiplicado. En artículos anteriores he ofrecido breves reseñas acerca de algunos títulos que ofrecen una visión panorámica del arte digital, así como de monografías de artistas que trabajan en este ámbito. A esta cada vez más extensa bibliografía se añade un nuevo título.

Art contemporain nouveaux médias, de Dominique Moulon, es un volumen de 128 páginas con numerosas ilustraciones que tiene por objetivo elaborar una visión de conjunto de las prácticas artísticas actuales vinculadas a las nuevas tecnologías. Como indica el título, el autor propone integrar estas prácticas en las corrientes actuales del arte contemporáneo, un discurso cada vez más compartido por numerosos autores y que puede verse ejemplificado en el libro Art and Electronic Media de Edward Shanken. No obstante, si bien Shanken persigue esta integración por medio de la combinación de obras de artistas reconocidos en el mundo del arte contemporáneo y obras de arte digital en base a una serie de características comunes, Moulon se centra en la descripción de una selección de obras e introduce comentarios basados en su propia (y extensa) experiencia como espectador y crítico de arte, así como en la de los artistas a los que entrevista. En este sentido sus aportaciones resultan particularmente interesantes en cuanto aportan a menudo una información directa sobre la relación entre las obras y el público, algo que suele obviarse o ignorarse en otros ensayos de orientación más teórica. Por ejemplo, al analizar la obra The Table: Childhood (1984-2001) de Max Dean y Raffaello D’Andrea, una mesa robótica con capacidad para moverse libremente y reaccionar a los estímulos de su entorno, Dominique Moulon reproduce el siguiente comentario de uno de los artistas:

“… al exponer The Table: Childhood en la Bienal de Venecia en 2001, un crítico de arte no apreció la obra. Aparentemente, se había centrado demasiado en el objeto mientras que el espectáculo, como suele ocurrir en las instalaciones robóticas, se encuentra más bien en el público.” [1]

Esta breve anécdota ilustra uno de los puntos de tensión entre el arte contemporáneo y el arte digital, el encuentro entre dos “discursos divergentes”, como los califica Shanken, uno basado en el objeto y la contemplación y el otro basado en el proceso y la interacción.

Max Dean y Raffaello D’Andrea, The Table, 1984-2001, instalación interactiva

Como sucede en la mayoría de los ensayos dedicados a una visión panorámica del arte digital, las categorías establecidas por Moulon parten de una elección personal. En los títulos de los capítulos parece evitar conscientemente etiquetas comúnmente usadas tales como “net art”, “bioarte” o “software art” (si bien estas reaparecen en el léxico que se incluye en las páginas finales del libro) y opta por términos más generales que apuntan a las relaciones entre cuerpo y tecnología, sociedad y tecnología, los usos de Internet, los entornos virtuales o la sinestesia que se produce en las instalaciones multimedia. El autor abre el volumen con un breve repaso a la historia de las prácticas artísticas que han incorporado los últimos avances tecnológicos, desde la década de los 50 hasta la “lenta democratización de la informática” en los años 80 [2] y finalmente la década del 2000, en la que “las tecnologías digitales y de las redes se banalizan” [3]. Tal vez a causa de esa percepción de lo “banal” de esta nuevas tecnologías, el autor no desarrolla más el apartado dedicado a los efectos que han tenido en nuestra sociedad, si bien en cada capítulo incluye una introducción sucinta a recursos como las base de datos, las redes telemáticas o bien la pérdida de intimidad que propician los dispositivos que nos rodean a diario.

Partiendo de las descripciones de una serie de obras, Dominique Moulon enlaza diversos temas en un texto que resulta ameno e ilustrativo, con una mayor tendencia al relato que al ensayo, que por otra parte se equilibra con una selección de citas de diversos autores, entre los cuales destacados nombres del panorama internacional (comisarios como Peter Weibel o Christiane Paul, artistas como Jeffrey Shaw o Eduardo Kac) y también de la activa y a veces ignorada escena francesa (Edmond Couchot, Norbert Hillaire, Anne-Marie Duguet…). Precisamente la atención que Moulon presta a los artistas franceses es uno de los aspectos más interesantes de este volumen, que nos recuerda o descubre las aportaciones del art numérique, que se une aquí al de las más destacadas obras del panorama internacional. Notablemente, el libro se abre con una obra interactiva de Edmond Couchot, Michel Bret y Marie-Hélène Tramus, Je sème a tout vent (1990), que se cuenta entre las pioneras del arte digital en Francia. La pieza, que se inspira en el logotipo y el lema del diccionario Larousse, formaba parte de la exposición Artifices, comisariada por Jean-Louis Boissier en 1990. Fue en esta exposición en la que Moulon descubrió esta y otras piezas que, según él mismo indica [4], le llevaron a interesarse por el arte digital.

Edmond Couchot, Michel Bret y Marie-Hélène Tramus, Je sème a tout vent (1990), instalación interactiva.

Además de la destacable inclusión de obras de artistas franceses, el libro de Dominique Moulon se distingue por sus capítulos finales, en los que traza algunas relaciones entre el arte de nuevos medios y la sociedad, destacando aspectos como el de la vigilancia o el activismo. La pérdida de la intimidad se ve reflejada en obras como Vigilance 1.0 (2001) de Martin Le Chevalier, un videojuego en el que el jugador debe delatar las acciones delictivas de los personajes que observa en una ciudad,  o la conocida instalación ACCESS (2006) de Marie Sester. En el extenso ámbito del activismo destaca el trabajo del colectivo The Yes Men, cuyas irónicas performances perturbaron hace algunos años las reuniones de altos ejecutivos de las grandes corporaciones.

Martin Le Chevalier, Vigilance 1.0 (2001), videojuego.

Otro aspecto que destaca el autor es la “aparente desaparición de la tecnología” [5], que ejemplifica con obras como la instalación Waves (2006) del cordobés Daniel Palacios. Esta pieza se compone de dos cilindros entre los cuales se tiende una cuerda elástica dispuesta en sentido horizontal. Al detectar la presencia del espectador, dos motores ocultos en los cilindros se activan y hacen girar la cuerda, que crea en su movimiento volúmenes tridimensionales. Se trata en este caso de una pieza cinética que no hace gala de su uso de recursos tecnológicos, sino que los oculta bajo una apariencia engañosamente simple.

Waves de Daniel Palacios en Vimeo.

Finalmente, cabe destacar la inclusión en esta revisión del arte digital de un “análisis guiado” de una obra [6]. Se trata de La Mécanique des émotions (2005), del francés Maurice Benayoun, una pieza que parte de un software desarrollado por el propio artista que recoge datos de Internet y establece relaciones entre sentimientos humanos y determinadas ciudades del planeta. A partir de estos datos, Benayoun ha creado una serie de obras derivadas, entre las cuales: Frozen Feelings (2005), impresiones tridimensionales que forman un mapa de dichas relaciones; Emotional Stock exchange (2005), una instalación compuesta por rótulos luminosos que indican la “popularidad” de determinadas emociones; y Emotion Vending Machine (2006), una instalación interactiva. Este proyecto, por su longevidad y la variedad de aplicaciones que genera, constituye un buen ejemplo de las posibilidades creativas de las nuevas tecnologías y es escogido por Moulon para una descripción en mayor profundidad que denota la intención pedagógica tan habitualmente presente en las publicaciones francesas. Art contemporain nouveaux médias constituye así una publicación interesante, que añade una visión más al conjunto de publicaciones que, poco a poco, tratan de cartografiar el extenso y complejo panorama del arte vinculado a las nuevas tecnologías.

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[1] Dominique Moulon (2011). Art contemporain nouveaux médias. Paris: Nouvelles Éditions Scala, 36.

[2] Dominique Moulon. op. cit., 6.

[3] Dominique Moulon. op. cit., 7.

[4] Dominique Moulon. op. cit., 5.

[5] Dominique Moulon. op. cit., 102-107.

[5] Dominique Moulon. op. cit., 116-119.

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