The New Aesthetic: tropezar con una teoría

Telehouse West. Foto: ©STML

Por Pau Waelder

 

El pasado mes de marzo, en el festival SXSW en Austin (Texas), James Bridle, un joven escritor y diseñador, presentó un panel de conferencias bajo el título “The New Aesthetic”. En este panel, que compartió con sus amigos Joanne McNeil (editora de Rhizome), Ben Terret (diseñador), Aaron Straup Cope (artista) y Russell Davies (periodista), se presentó lo que Bridle identifica como una “nueva estética”, reflejo de nuestra relación actual con la tecnología, particularmente en las imágenes creadas por los dispositivos de reconocimiento de imagen, las cámaras digitales y los satélites:

“Uno de los temas principales de la Nueva Estética (New Aesthetic) ha sido nuestra colaboración con la tecnología, ya sean robots, cámaras digitales o satélites (sea esta colaboración consciente o no), y un atajo visual muy útil para reflejar esa colaboración ha sido la imaginería pixelada o imperfecta (glitchy), una forma de mirar que parece revelar la fusión entre «lo real» y «lo digital», lo físico y lo virtual, el humano y la máquina. También debería quedar claro que este look es una metáfora con la que comprender y comunicar la experiencia de un mundo en el que la Nueva Estética es cada vez más ubícua.” [1]

La idea de esta “nueva estética” parte de una cuenta de Tumblr en la que Bridle fue juntando imágenes y referencias encontradas en la web durante unos seis meses en 2011. En mayo de ese año publicó un post en el blog de Really Interesting Group (RIG), un estudio de diseño londinense en el que trabaja. En este post, titulado “The New Aesthetic”, indicaba que había coleccionado “imágenes y cosas que parecen acercarse a una nueva estética del futuro, lo cual suena más profético de lo que pretendo que sea.”  Una de las motivaciones de Bridle era la reacción a la imagen del futuro ligado a viajes espaciales y films de ciencia ficción, que pasado el 2000 se topaba con una realidad más urbana. La otra, era explorar las posibilidades de desarrollo de nuevos productos.

El concepto siguió tomando formando en el panel de conferencias que tuvo lugar en Austin, con las aportaciones de Bridle y sus colegas. En general, al hablar de una “nueva estética”, se referían a una aparente proliferación de lo que podría denominarse una “estética del píxel”, presente en obras de arte, diseño, moda, decoración y arquitectura, así como a las imágenes de nuestro entorno que nos ofrecen los dispositivos automatizados de vigilancia, las cámaras digitales, y servicios como Google Maps o Google Street View. El discurso de Bridle se basa en una innumerable serie de ejemplos de distintos sitios web, mezclando proyectos artísticos, diseño gráfico, publicidad, moda, arte urbano, imágenes por satélite, visualización de datos, proyectos arquitectónicos y meras curiosidades de las que extrae conclusiones lapidarias:

“Porque se ha cruzado una línea, la tecnología/software/código está en y es del mundo y no hay manera de huir de ello. Algunos arquitectos, con sólo mirar un edificio, pueden decirte con qué versión de autodesk se ha creado. El mundo está definido por las visualizaciones que hacemos de él.” [2]

Las aportaciones de sus amigos son también limitadas, en parte debido a que se trataba de intervenciones de 10 minutos, si bien tenían objetivos ambiciosos al juzgar por sus títulos: “la historia de la nueva estética” (Joanne McNeil), “la Nueva Estética en la cultura de consumo visual” (Ben Terrett), “aviones no tripulados (drones), datos y geografía humana” (Aaron Straup) y “la Nueva Estética y la escritura” (Russell Davies). En suma, y desde distintos puntos de vista, las conferencias se centraron en la idea de que la tecnología está introduciendo una nueva manera de ver el mundo y generando nuevas imágenes que se trasladan a los diferentes ámbitos de la sociedad.

El panel de Bridle posiblemente no habría generado un mayor interés de no ser porque captó la atención del escritor Bruce Sterling, quien dedicó al concepto un largo y digresivo texto publicado en WIRED el 2 de abril bajo el título “An Essay on the New Aesthetic”. De forma un tanto contradictoria, y tal vez irónica, Sterling da la bienvenida a la Nueva Estética como si se tratase de un nuevo movimiento artístico o una corriente filosófica y posteriormente critica las aportaciones de Bridle y sus amigos:

“Este es uno de esos momentos en los que el mundo del arte se acerca furtivamente a la tecnología visual y trata de hacerse metafísica. Este es el intento de imponer al público una nueva forma de percibir la realidad. […] Con la Nueva Estética, están llegando a algo que más o menos se parece a una weltanschauung. […] Ante todo, la Nueva Estética dice la verdad. En realidad existen hoy en día muchas formas de imaginería que son modernas y pertenecen exclusivamente a esta época.”

“Ha sido un gran esfuerzo encontrar y reunir esta wunderkammer de la Nueva Estética, pero un montón de vistosas curiosidades no crean una convincente visión del mundo. […] James Bridle es un crítico a lo Walter Benjamin en la «era de la acumulación digital». Bridle lleva a cabo una valiente campaña de corta-y-pega que tiene el aspecto de una crítica tradicional, pero en realidad no es más que bloguear y usar tumblr. Su Nueva Estética se parece tanto a una crítica intelectual como en su momento se parecieron los productos industriales a los artesanales.” [3]

Sterling cierra su artículo con un cierto apoyo al concepto de una Nueva Estética, que “no tiene razón para detenerse tras un comienzo tan prometedor” y concluye que “alguien, en algún lugar” desarrollará una teoría más elaborada a partir de esta idea.

Foto: ©Sinnen

Una nueva estética relacional

Con todo, el artículo de Sterling no ha hecho sino generar un mayor interés por esta Nueva Estética, que se ve reflejado en Twitter y en al menos dos artículos publicados en el blog The Creators Project, una respuesta al texto de Bruce Sterling (6 de abril), y una posterior continuación del debate (4 de mayo). Este creciente interés puede llevar a hacer de la New Aesthetic un auténtico movimiento, un tema de investigación o un simple término de moda, con el que etiquetar todo aquello que pretenda ser novedoso y paradigmático de una nueva visión del mundo. Sin duda, se trata de un término atractivo (pese a que el propio Bridle lo califica como “un nombre malísimo”) en cuanto une la novedad con algo tan establecido y respetable como es la estética, fruto de un pensamiento filosófico aplicado a algo tan voluble como es la belleza y el arte. Una Nueva Estética promete una concepción diferente del mundo, hace referencia a una generación que convive a diario con la tecnología y entiende su entorno a través de ella. Es una marca ideal para seguir vendiendo “lo nuevo” y marcar una clara diferencia con lo que ya resulta caduco, una manera de referirse a la cultura propia del siglo XXI sin hacer referencia a algo tan obsoleto como hablar del siglo XXI.

La Nueva Estética presenta, en su recepción inicial, similitudes con la aceptación que ha tenido la “estética relacional” propuesta por Nicolas Bourriaud en 1998. Bourriaud tomó una serie de ejemplos en el trabajo de artistas que conocía y elaboró a partir de su percepción del arte contemporáneo en los años 90 una teoría que buscaba solucionar la ausencia de teoría artística en esa misma época. La estética relacional de Bourriaud, si bien basada en un número limitado de ejemplos y sin acabar de proponer una teoría sólida, fue ampliamente aceptada e incluso dio lugar al uso del término “arte relacional”, en lo que al parecer se aceptaba como la “narrativa maestra” del arte contemporáneo en aquellos años. De manera similar, la Nueva Estética podría convertirse en una “narrativa maestra” con la que explicar, o al menos etiquetar, todas las creaciones vinculadas a la cultura digital, en una búsqueda por simplificar un fenómeno complejo que sin duda dejaría de lado aspectos muy importantes del mismo, como ocurrió con Bourriaud, quien en su estética relacional ignora por completo todas las aportaciones del arte digital interactivo.

James Bridle y sus colegas aparentemente se encuentran en una situación similar a la que debió llevar a Bourriaud a ignorar el arte interactivo. Si el comisario francés tenía una visión del arte mediatizada por su experiencia en los espacios del mundo del arte contemporáneo (al que rara vez llegaban ejemplos de arte digital), el joven equipo de diseñadores parece estar creando su visión del mundo a partir de una experiencia marcada por la consulta de blogs y búsquedas rápidas en Google, el uso de sus smartphones y su trabajo en el ámbito del diseño y la publicidad. La percepción de un patrón de cuadros de colores como “pixelado” puede ser fruto de una visión mediatizada por la cultura digital antes que un ejemplo plausible de una Nueva Estética, dado que las composiciones con figuras geométricas existían mucho antes que los ordenadores y la construcción de imágenes por medio de píxels debe mucho, por ejemplo, a la técnica del mosaico. Es, por tanto, una estética que se sitúa más en la percepción de un determinado grupo que en un cambio de pensamiento a nivel global. Por supuesto, existe una proliferación del uso de motivos basados en la estética “pixelada”, sobre todo a raíz de la recuperación de los videojuegos de los años 80 como nicho de mercado dirigido a una generación de niños grandes, y el uso de programas informáticos en diseño gráfico e industrial, así como en arquitectura, afecta a la forma en que se crean los objetos y edificios que vemos a diario. Pero ello no implica necesariamente una nueva estética. Bruce Sterling resume este aspecto de una manera bastante directa:

“La Nueva Estética es una historia más bien antigua y alentadoramente tradicional acerca de un grupo regional y generacional de personas creativas que están percibiendo cosas importantes que otras personas, más viejas y más tontas, no captan aún. Es el típico movimiento de vanguardia que ha surgido en una sociedad moderna conectada en red. Esto es lo que está sucediendo.” [4]

 

Un cúmulo de ejemplos no hacen una teoría

Como ya he señalado antes, la mayor debilidad de la propuesta de Bridle consiste en que se basa en un cúmulo de ejemplos heterogéneos, que pese a su evidente interés no articulan una teoría coherente. Bridle se deja llevar por las apariencias y realiza una lectura superficial de muchas de sus fuentes, interpreta como un hecho significativo que una foto de satélite de un campo muestre la similitud entre las diferentes parcelas y un conjunto de píxels, o bien que se realicen obras de arte urbano con figuras compuestas de cubos que recuerdan a la estética de 8 bits o a videojuegos populares como Minecraft. Entre los ejemplos que presenta, destaca su declarada obsesión con un edificio del este de Londres, Telehouse West (ver foto al principio de este post), que le parece significativo puesto que se trata de un centro de datos, y se pregunta:

“¿por qué está pixelado? ¿Es un intento de hacer visible la red, lo digital? ¿Qué forma debe tomar la arquitectura de la Red, y cuál es el significado de la irrupción de la red en el espacio físico?” [5]

Sin duda, el esfuerzo de Bridle apunta en una dirección interesante, pero carece de la solidez necesaria para extraer una teoría acerca de la manera en que la tecnología afecta a nuestro modo de ver el mundo, en todo caso demuestra cómo en la percepción de un joven diseñador londinense el mundo puede convertirse en un reflejo de lo que ve a diario en su ordenador. Finalmente, cabe recordar que la cultura que se genera en torno a las nuevas tecnologías, particularmente en todo lo que podemos observar a diario en Internet, peca de un incurable narcisismo y olvida que el conjunto de las personas que la comparten es un reducido porcentaje de la población mundial. La Nueva Estética aspira a ser una weltanschauung, pero al hacerlo ignora que el mundo es mucho más vasto y complejo que lo que muestran unos cuantos blogs.

 

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[1] James Bridle, “#sxaesthetic”, Booktwo, 15 de marzo de 2012. <http://booktwo.org/notebook/sxaesthetic/&gt;

[2] James Bridle, “#sxaesthetic”.

[3] Bruce Sterling, “An Essay on the New Aesthetic”. WIRED, 2 de abril de 2012. <http://www.wired.com/beyond_the_beyond/2012/04/an-essay-on-the-new-aesthetic/&gt;

[4] Bruce Sterling, “An Essay on the New Aesthetic”.

[5] James Bridle, “#sxaesthetic”.

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