Comisariado en la red: espacios virtuales y Filter Feeders

Por Pau Waelder

 

A partir de la popularización de la web 2.0 y los servicios que ofrecen las redes sociales y los grandes portales de noticias, fotos y vídeos, ha ido creciendo una concepción del comisariado como selección de contenidos. Así, cualquier usuario/a puede convertirse en comisario/a por el simple hecho de escoger y redistribuir aquello que más le interesa, empleando las herramientas que le suministra una determinada plataforma, habitualmente a través de un blog o un perfil de una red social. Lo que podría considerarse un abuso del término “comisariado” sirve de hecho para hacer más atractiva una práctica que en definitiva favorece a las plataformas que la promueven, así como a las empresas que han aprovechado la tendencia de compartir contenidos graciosos o impactantes para llevar a cabo campañas de marketing viral.

Esta forma de entender el comisariado, no obstante, no es nueva sino que ya había sido anunciada por diversos artistas desde los primeros años de difusión de la World Wide Web. Los pioneros del arte en la red confiaban en que este nuevo medio supondría la “desintegración y mutación entre las figuras de artista, curator, escritor, audiencia, galería, teórico, coleccionista de arte y museo” [1]. La Red ofrecía la promesa de un canal de difusión totalmente nuevo que facilitaría la eliminación de las estructuras tradicionales del mundo del arte, puesto que en principio no serían necesarias las galerías, ni las ferias, museos, ni tampoco contar con el favor de comisarios y críticos para dar a conocer la obra de un artista, sino que esta podía llegar directamente al público a través de su conexión a Internet. Con todo, uno de los problemas que ya se planteaba entonces (y sigue siendo válido hoy en día) es que la distribución horizontal de la WWW y la inmensa cantidad de información que distribuye a diario hace que los contenidos se pierdan en la gran masa de datos, sin que sea posible acceder a ellos a menos que se conozca previamente su existencia. El artista Heath Bunting, uno de los pioneros del net art, hace referencia a esta circunstancia en su obra Own, Be Owned or Remain Invisible (1998), un texto acerca del propio artista en el que cada palabra contiene un vínculo a su dominio .com correspondiente, planteando una reflexión acerca del hecho de “poseer” una palabra o un concepto en la Red, tener una marca, pertenecer a una institución o ser invisible. Esta condición que ilustra la pieza de Bunting señala ya la necesidad de un proceso de selección y filtro en la Red, que en primer lugar llevan a cabo los motores de búsqueda (desde AltaVista, Lycos, Excite o Yahoo hasta el omnipotente Google) y en la última década queda cada vez más en manos de sitios especializados, blogs y comunidades online.

En este sentido, ya en 2003, la artista Anne-Marie Schleiner reconoce el papel activo de los usuarios, “productores culturales (artistas) y consumidores, lectores y escritores, filtros de información y coleccionistas: es decir, comisarios de la Red [net curators]” [2], y propone la figura del “proveedor de filtros” (filter feeder). En una comparación con el extremo más tradicional de la figura del comisario, el filter feeder presenta un perfil muy similar al del comisario que trabaja con arte y nuevas tecnologías:

 

Comisario del Pasado

Filter Feeder del Futuro

Museo o galería de arte

Espacio periférico, en tándem ó 0

Formación en Historia del Arte

Estudios críticos en cultura popular, historia de la tecnología

Se une a ricos patronos del arte

Se une a otros Filter Feeders y artistas

Situado en una metrópolis urbana

Localizaciones dispersas

Trata con la burocracia y las instituciones

Se mueve alrededor de, y evitando a, las instituciones

Arte como mercancía

Arte efímero, con dificultades extremas para su conservación

Se mantiene dentro de la comunidad artística

Se infiltra en otras comunidades y las subvierte

(SCHLEINER, 2003)

La propuesta de Schleiner recuerda en cierto modo a la visión utópica de los pioneros del net art, en cuanto busca una oposición a las formas establecidas y plantea modelos que transforman totalmente las estructuras tradicionales, pero también es cierto que muchas de las condiciones que describe para el filter feeder se cumplen actualmente en el caso de los autores de blogs y comunidades virtuales. Posiblemente podríamos señalar una menor “subversión” de lo esperado y una cierta tendencia a la distribución superficial de contenidos , que como he señalado anteriormente favorece las campañas de marketing viral, pero sin duda existen hoy en día numerosas maneras de actuar como “proveedor de filtros” desde nuestro propio blog o perfil de red social.

La labor de un proveedor de filtros, si bien es esencial en la web que consumimos hoy en día, parece carecer del prestigio necesario, y aquí es donde se introduce el uso del término “comisariar” para referirse a una selección de contenidos. Un ejemplo de ello lo encontramos en la empresa Percolate, dedicada a recopilar y suministrar contenidos de la Red a las empresas para que éstas los distribuyan en sus perfiles de las redes sociales a fin de mantener el contacto con sus seguidores y clientes. Percolate facilita dichos contenidos para que un representante de la empresa decida cuáles se van a distribuir, un proceso de edición que se define insistentemente como “comisariado”. En un vídeo producido por esta empresa y titulado “¿Qué es el comisariado?” (“What is Curation?“), diversos autores de blogs explican sus experiencias en la búsqueda y selección de contenidos e identifican el rol del comisario como una persona que colecciona contenidos de la Red y los ordena o presenta al público. Esta definición del comisariado reduce una labor de estudio, seguimiento, selección, producción, presentación y mantenimiento de unas obras de arte a una mera selección en base a un par de clics, una cultura del copia-pega que deja poco espacio a la reflexión e ignora toda una serie de procesos que van más allá de un simple “me gusta”.

Con todo, cabe señalar que también existen espacios en los que el principio del proveedor de filtros y el uso de las herramientas de la web 2.0 dan lugar a plataformas de comisariado en la red, que plantean la posibilidad de comisariar exposiciones sin espacio y sin presupuesto, sin necesidad de llevar las obras a un espacio físico y afrontar todas las dificultades que ello conlleva. La idea de crear y mantener un espacio virtual de exposiciones de arte no es tampoco nueva (como señalo en este post sobre el Adobe Museum of Digital Media), pero no por ello dejan de ser interesantes las propuestas que pueden desarrollarse en un sitio web concebido como un espacio de comisariado en la Red.

Si, ya en 1947, André Malraux percibía en la difusión de las reproducciones de obras de arte en revistas y libros la apertura de un “Museo Imaginario” que “llevará al extremo la incompleta confrontación impuesta por los museos reales” [3], podemos considerar que los espacios de comisariado en la Red reúnen en cierta manera las prácticas del filter feeder con el Museo Imaginario. Una exposición comisariada en un espacio virtual puede aportarnos la misma información que una reproducción de una obra de arte en un libro, y ser en definitiva más dinámica de lo que podría ser un espacio real, además de trabajar más allá de las posibilidades físicas de dicho espacio. Un buen ejemplo de ello lo ofrece Art Micro Patronage, una plataforma dedicada al net art (por tanto, vinculada de forma natural a la Red) que invita a diversos comisarios a presentar exposiciones colectivas con una duración de dos meses y un modelo de retribuciones que he comentado en este post anterior. Otros espacios virtuales desarrollan sus propios modelos de comisariado:

Or-bits es una plataforma creada en 2009 y dirigida por Marialaura Ghidini, que presenta tres programas comisariados cada año, partiendo de una palabra bajo la cual se agrupan una serie de obras en diferentes formatos, precedidas de un texto de la comisaria en el que se explica el planteamiento de la selección. La presentación de las obras en un sitio web permite incluir tanto obras sonoras, vídeos, imágenes o textos, de tal manera que la obra de arte y la documentación acerca de la misma se confunden, o bien su distinción pierde sentido en un entorno en el que el acceso a la información predomina sobre la necesidad de una percepción directa (“real”) de la obra. Entre los aciertos de Ghidini se pueden destacar dos: por una parte, el planteamiento de las exposiciones en base a una única palabra, lo cual hace referencia a la cultura de los motores de búsqueda (que imponen el uso de palabras clave) y sugiere en el espectador una serie de asociaciones de ideas que se aplican posteriormente a las obras. Por otra parte, la renuncia a crear cualquier tipo de evocación de un espacio real en favor de una interfaz limpia y sencilla es una decisión acertada en cuanto que acepta el espacio de la pantalla como un entorno bidimensional, que no necesita hacer referencia a un espacio físico puesto que es un espacio de información.

Kapsul es una plataforma creada recientemente por la Kadist Art Foundation, que se establece como una plataforma y un servicio con el que cualquier usuario puede crear colecciones de imágenes, vídeos y textos. Si bien su funcionamiento es similar al de otros servicios como Tumblr, Pinterest o FFFFOUND!, Kapsul ha sido creado pensando en comisarios de arte, artistas, coleccionistas y educadores para reunir obras de arte en unidades (denominadas Kapsuls), de forma similar a las muestras comisariadas por Ghidini bajo un concepto resumido en una única palabra. Kapsul permite así reunir bajo un concepto contenidos encontrados en la Red y ampliar dicha colección con las aportaciones de otros usuarios o bien crear exposiciones virtuales como las de Or-bits. Kapsul amplia así el concepto de exposición online al de un servicio, comunidad y colección permanentemente abierta de obras y recursos disponibles en la Red. La plataforma invita al usuario a crear sus propios Kapsuls (públicos o privados) y añadir imágenes a partir de una búsqueda por palabra clave, que se realiza de forma simultánea en varias bases de datos de revistas, galerías, colecciones de arte, blogs, ferias, fundaciones, escuelas de arte y finalmente en la búsqueda de imágenes de Google. La utilidad final de esta plataforma es hasta cierto punto discutible, pero sin duda refleja las prácticas definidas por Schleiner y la cultura actual de la acumulación de referencias en busca de un orden o sentido.

La Exposición Expandida se define como un “proyecto experimental de comisariado colectivo” y se desarrolla en 2011 a partir de una idea inicial de Montaña Hurtado y el grupo de trabajo formado por Pilar DM, Natividad Guil, Agueda Beatriz Esteban y Semíramis González. Una serie de comisarios/as de diferentes países se suman al proyecto y desarrollan de forma conjunta una reflexión sobre la ciudad como tema común, observado desde diferentes perspectivas. Siguiendo un modelo que evoca la museografía tradicional, la exposición expandida se ordena en “salas”, cada una de las cuales trata acerca de un aspecto de la ciudad y muestra la selección de un comisario/a. Fiel a su principio colaborativo y expandido, el proyecto no está alojado en un único sitio, sino que cada sala se aloja en un blog diferente, una entrada en la que se combinan imágenes, textos y enlaces, formando un discurso completo, que se une a las aportaciones de las otras salas. La exposición expandida se configura así como un proyecto abierto, colaborativo y ecléctico, que ejemplifica una de las maneras en que el comisariado puede desarrollarse como una actividad que no depende de espacios físicos, y que no se limita a una selección de contenidos, sino que aporta un contexto y una reflexión.

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[1] Natalie Bookchin y Alexei Shulgin, Introducción al net.art (1994-1999). Traducción de David García Casado, publicada en Aleph.

[2] Anne-Marie Schleiner. “Fluidities and Oppositions among Curators, Filter Feeders and Future Artists”,  Intelligent Agent, vol. 3 nº1. <http://www.intelligentagent.com/archive/Vol3_No1_curation_schleiner.html>

[3] André Malraux, Le Musée Imaginaire. París: Gallimard, 1965 (reimpresión, 2010).

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