Art.sy: coleccionar arte por folcsonomía

Por Pau Waelder

 

En mayo de 2010, el joven ingeniero informático Carter Cleveland subia junto a Caroline Lao al escenario de Disrupt, un ciclo de conferencias y presentaciones organizado por el popular blog de tecnología TechCrunch para presentar su startup, una plataforma de búsqueda de obras de arte denominada Art.sy. En una presentación no especialmente impactante, Cleveland y su colega mostraron al jurado las funciones de su plataforma, que según su fundador tenía por finalidad acabar con la “ineficiencia” de la búsqueda de arte en galerías y la “intimidación” que sienten muchos posibles compradores ante el mundo del arte, para que finalmente “todo el mundo pueda descubrir y sentirse inspirado por un arte bello y original y los artistas puedan proseguir con su pasión de crear arte original de forma más sostenible.” Para lograr este fin, Art.sy arrancaba con una base de datos de obras de arte que podía ser consultada según una serie de criterios básicos (soporte, color, tamaño) e incluso permitía ver la obra en el salón de casa por medio de una webcam, superponiendo la imagen de la misma en la pared del usuario. A estas funciones, Cleveland añadía la posibilidad de crear una colección de obras favoritas y compartirla en Facebook, lo cual, según indicaba, “es divertido, porque puedes ser tu propio comisario de arte, y compartir tu arte con tus amigos y ayudar a que tu círculo de amistades descubra arte que nunca habría visto de otro modo.”

Los argumentos empleados por Cleveland apuntaban hacia una concepción algo naïf del mercado del arte y de los impulsos de los coleccionistas, además de considerar las obras de arte como un mero objeto decorativo que tiene que hacer juego con los colores de la casa y combinar con el sofá. El planteamiento inicial parecía más dirigido a un público general y a las redes sociales, que Cleveland cita como elemento clave, en especial Facebook y también Twitter, argumentando que “art.sy” es una URL lo bastante corta como para ser popular en la plataforma de microblogging. Incluso el logo inicial era similar al empleado por otros servicios de la web 2.0 dirigidos al gran público. Con todo, contaba ya con la financiación de “personas que se sentían frustradas por no encontrar el arte que les gusta” y con una ambiciosa estructura que no se limitaba a mostrar el arte, sino que se proponía ejercer de consultoría de arte, poniendo en contacto a sus usuarios con las galerías.

 

De la web 2.0 a la red de coleccionistas

Tras su presentación inicial en Disrupt, Art.sy ganó el Rookie Award y pronto empezó a interesar a otros inversores y asesores, en particular al poderoso galerista neoyorquino Larry Gagosian. El proyecto empezó así a cambiar de rumbo, pasando de ser una típica startup de la web 2.0, que promete ofrecer un nuevo servicio a los internautas, a ser una herramienta enfocada hacia los coleccionistas más selectos y las galerías de alto nivel. El cambio de logotipo es un buen indicativo de esta nueva identidad, que se acerca ahora a la estética empleada por otras iniciativas de irrupción del mundo del arte en la web 2.0 como [s]edition y la VIP Art Fair, que hemos comentado en otros posts.

A finales de 2011, Art.sy había recaudado más de 6 millones de dólares de diferentes inversores y había cerrado acuerdos con unas 180 galerías en 40 países, pero, según se recalca en un artículo de Artinfo, carecía aún de un producto que mostrar. Actualmente, Art.sy sigue en formato Beta con acceso restringido, pero cuenta ya con una plataforma en funcionamiento y va aumentado su base de datos (que contiene aproximadamente 15.000 obras de 3.000 artistas y 220 galerías de 40 países) y sus funciones.

Opciones de filtro de Art.sy

Al entrar en la plataforma, el usuario se encuentra con un pase de imágenes de obras de arte recientemente añadidas, otras destacadas, y un índice de búsqueda ordenado en cinco categorías principales:

  • Estilo o movimiento: Pop Art, Surrealismo, arte urbano…
  • Arte contemporáneo: una serie de términos clave aplicados a obras de arte contemporáneo, a falta de los bien definidos movimientos históricos.
  • Tema: términos relativos a la temática de las obras, que van de “Paisaje” o “Naturaleza” a “Lo fantástico” o “Historias personales”.
  • Medio o técnica: una variada selección de técnicas, que por ejemplo distingue entre “Fotografía” y “Fotografía documental”, “Escultura” y “Escultura abstracta” y añade términos algo confusos como “Centrado en los materiales” o “Uso de materiales comunes”.
  • Region: una selección de zonas geográficas que incluye tanto países (Estados Unidos, Reino Unido) como combinaciones de países (Alemania y Austria), regiones (Oriente Medio) y continentes (África).

También es posible buscar un artista o término concreto en un formulario de búsqueda o bien ver todas las obras de la base de datos y luego filtrarlas en función de su tamaño, precio, soporte o color. El sitio, por tanto, centra su función inicialmente en la búsqueda e invita, por la abrumadora cantidad de opciones disponibles, a buscar de forma un tanto aleatoria, dejándose llevar por alguna palabra clave o alguna de las imágenes presentadas en la página de inicio.

Al escoger una obra, esta se muestra junto a su ficha técnica, el precio y un botón que invita al usuario a “contactar con Art.sy” si desea adquirir la obra. Nada más registrarse en la plataforma, se asigna al usuario a un/a “especialista de Art.sy” al que puede enviar e-mails o llamar por teléfono si desea obtener más información o comprar la pieza (la plataforma obtiene un 3% del precio de venta por esta gestión). Es posible examinar la fotografía en mayor detalle por medio de una herramienta de zoom y, si la obra es bidimensional (pintura, fotografía, impresión digital…) la plataforma ofrece una “vista en sala”, que la muestra en una aséptica sala de exposiciones, frente a un banco y en el tamaño proporcional a tan indefinido entorno.

Bajo la fotografía de la pieza, aparecen automáticamente una serie de términos de búsqueda relacionados con la misma, que facilitan encontrar otras obras parecidas, así como las miniaturas de una docena de piezas que el sistema considera “parecidas”. Por ejemplo, la visualización de una obra temprana del artista Manfred Mohr genera las palabras clave “arte generativo”, “arte por ordenador”, “ciencia y matemáticas”, “orientado al proceso”, “austero”, y una más: “visualmente similar”, que conduce a obras de parecido aspecto, ya sea por el color, el número de elementos, o la presencia de líneas, círculos, etcétera.

Por último, el usuario puede compartir la obra escogida (por email, Facebook o Twitter), añadirla a su colección de favoritos y “seguir” a un artista (de forma similar a como se sigue a un usuario de Twitter), para recibir notificaciones acerca de las obras de ese artista que se incorporan a la base de datos.

Cabe señalar que no todas las piezas que se pueden encontrar en Art.sy están a la venta: algunas pertenecen a colecciones privadas, fundaciones y museos o son añadidas por los galeristas como referencia del trabajo de un artista, pese a no estar disponible. La plataforma se propone “educar a los usuarios acerca del arte” que incluye en su base de datos, y por ello más allá de la búsqueda y contacto con las galerías tiene previsto incluir textos explicativos y vídeos que añadan información acerca del contexto de una obra o el trabajo de un/a artista.

 

 

El “proyecto Genoma” del arte

Las funciones descritas en el párrafo anterior no añaden mucho a lo que puede encontrarse en los sitios web de muchas galerías (en especial las que se crean con exhibit-E) o en iniciativas como la mencionada VIP Art Fair, con la que Art.sy presenta numerosas similitudes a nivel de interfaz. En la presentación del proyecto en Disrupt, el miembro del jurado Jason Calacanis criticaba a Cleveland: “nos has mostrado Flickr, y me gustaría poder encontrar aquí algo que fuese oscuro… o erótico, o bien oscuro y erótico…”. Calacanis se refería a la posibilidad de personalizar al máximo la búsqueda, y si bien el joven emprendedor ya había incluido numerosas opciones, tal vez este comentario inspiró una forma de taxonomía de las obras incluidas en la base de datos que promete ser el factor diferenciador de Art.sy.

La búsqueda en Art.sy se basa en el llamado Art Genome Project, una marca registrada que designa una iniciativa para “cartografiar las características que conectan a las obras y los artistas de todo el mundo.” Cada una de estas características, denominadas “genes” (si bien son similares a lo que conocemos como tags o etiquetas), son asignadas por un grupo de historiadores/as del arte y profesionales del mundo del arte a las obras de la base de datos, de manera que cada pieza es definida por un conjunto de unos 30-40 genes. A diferencia de las etiquetas, que tienen un valor binario (se asignan o no), los genes del Art Genome Project se adjudican en una escala que va del 0 al 100, a fin de determinar con qué intensidad se aplican a la obra en cuestión. Esta escala, en opinión de sus impulsores, ayuda a introducir variaciones más sutiles y de esta manera asignar mejor las relaciones entre unas obras y otras. El proyecto cuenta actualmente con cerca de 800 genes, que según su director, Matthew Israel, se agrupan en las siguientes categorías:

  • Período histórico (Pre-Impresionismo, Moderno, Contemporáneo…)
  • Medio (pintura, escultura, instalación, video…)
  • Estilo o movimiento (Pop Art, Expresionismo Abstracto, Young British Artists…)
  • Tendencias contemporáneas (tendencias actuales que no pueden clasificarse como “movimientos”)
  • Conceptos (teoría del color, crítica institucional, vinculado al cine…)
  • Contenidos (retrato, paisaje, el estudio, paisaje urbano…)
  • Técnicas (pintura monocroma, exposición múltiple, sfumato…)
  • Regiones geográficas (en las que el artista ha vivido y trabajado)
  • Genes de apariencia (el aspecto de una obra)
  • Genes de laboratorio (en desarrollo, no públicos)
Una vez definidos los genes (a partir de la información extraída de libros, webs y charlas con profesionales), le corresponde a los miembros del “equipo genoma” aplicarlos a las obras que se añaden a la base de datos. Este trabajo, que se asemeja al de una folcsonomía (en cuanto clasificación colaborativa, realizada en este caso por un grupo reducido de personas), supone un gran esfuerzo cuya eficacia se prevé incierta, puesto que a mayor número de genes más compleja se hace su asignación por parte de los colaboradores, y además la naturaleza cambiante e innovadora del arte obligará a crear nuevos genes o podrá en duda los que se han creado anteriormente. Más aún, cabe cuestionar si resulta útil aplicar determinadas etiquetas a una obra (por ejemplo calificar de “austera” una composición de Manfred Mohr) y si ello sirve para entender la obra o al menos para guiar a un coleccionista despistado.

La iniciativa del Art Genome Project no es tampoco novedosa. Muchos han sido los intentos de clasificar el arte a lo largo de la historia, con notables ejemplos en los esfuerzos por definir las obras de arte de una época con una serie de conceptos clave, como el que lleva a cabo el crítico e historiador Heinrich Wölfflin en su conocido ensayo Conceptos fundamentales para la historia del arte (1915). Más recientemente, podemos vincular el proyecto genoma con el Music Genome Project de la plataforma de música Pandora (disponible sólo en EE.UU.), que se basa en una serie de 450 características básicas con las que se clasifican las piezas musicales para ofrecer a los usuarios aquello que se parece más a lo que están escuchando.

Esta última comparación con Pandora define la segunda gran objeción que podemos plantear a Art.sy. La primera es el hecho de tratar a las obras de arte como simples objetos decorativos y el coleccionismo de arte como una simple compra reiterada de productos, partiendo del típico modelo de comercio electrónico en el que se procura ofrecer al comprador de la forma más rápida posible aquello que está buscando, y mostrarle también otros productos similares que podrían gustarle. La segunda objeción parte de emplear un sistema similar al de un sitio de música, que si bien es un arte tan respetable como cualquiera de las artes visuales, tiene una gran parte de consumo “gastronómico”, como lo define Umberto Eco: si escucho música de un determinado tipo cuando trabajo, querré escuchar música similar, a modo de “fondo musical”, sin importarme realmente el autor o la pieza concreta. Dentro de este consumo cabe una elección suministrada por un hábil algoritmo. Pero el consumo de objetos de arte es diferente, admite el descubrimiento, la sorpresa, la novedad e incluso lo inquietante o desagradable. Un coleccionista puede seguir una línea basada en un gusto personal e informado, fiel a determinados artistas (en cuyo caso ya sabe qué comprar), o bien dejarse llevar por los nombres, las modas o los coup de coeur (en cuyo caso puede que no necesite realizar búsquedas tan complejas). No queda claro, por tanto, si la elaborada taxonomía de Art.sy será realmente útil o afectará de alguna manera al coleccionismo de arte. Como ocurre con otras iniciativas recientes de integración del conservador mundo del arte contemporáneo en la web 2.0, es aún pronto para saber si se están creando nuevos modelos para la difusión y comercialización del arte, o si asistiremos a otra explosión de una burbuja de las punto com.

 

 

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