Los robots en el arte y la cultura (Introducción)

La presencia de los robots en nuestra cultura siempre es uno de los temas que más curiosidad despierta entre los alumnos de la asignatura Arte y Nuevos Medios del Posgrado, y por ello, ahora en pleno descanso veraniego, aprovecho para pasar a limpio unos apuntes basados en el libro Arte, Ciencia y Tecnologia donde desarrollo una introducción a la historia panorámica de sus intersecciones. No pretendo en absoluto ser exhaustivo, tan
sólo esbozar algunas ideas, acontecimientos y prácticas clave que puedan ayudar a introducirnos en la temática.

La palabra robot es de origen checo y proviene de la palabra robota, que significa “trabajo forzado”, y Robotnik, que quiere decir “sirviente”. Quien atribuyó por primera vez este nuevo significado a la palabra, entendida ahora como “sirviente automatizado”, fue el escritor Josef Capek hacia el 1917, en una breve historia titulada “Opilec” (aunque hay quien dice que apareció antes en otro escrito suyo titulado “R.U.R.”).

Haciendo un breve y rápido repaso veraniego a la historia de nuestra cultura podemos recoger una serie de artefactos reales y mitos imaginarios que se aproximarían a lo que hoy entendemos como “robot”, que siempre ha excitado nuestra imaginación permitiendo la conexión de la naturaleza artificial de las máquinas con los sueños de inmortalidad humana. Lo que está claro es que a lo largo de la historia el intento constante para crear robots o “sirvientes mecanizados” es un espacio simbólico que refleja el nivel de desarrollo tecnológico y el reto para crear una vida artificial.
El  primer robot mítico del que hay constancia en la Grecia antigua fue el famoso Talos, construido por Hefesto, dios de la Metalurgia, como un regalo a Minos, rey de Creta. Era un “robot” hecho todo de cobre, de enormes proporciones y a semejanza de las formas de los humanos. Encargado de proteger Creta, se cuidaba de vigilar el correcto cumplimiento de las leyes, podía correr muy deprisa y dar tres vueltas a la isla en un solo día. También podía lanzar rocas muy grandes contra los enemigos de Creta, o quemarlos con su aliento abrasador.

Tal y como se explica en el mito, cuando los Argonautas volvieron de sus viajes, se encargaron de destruir a Talos con el poder mágico de Medea. Medea se encargó de generar una gran confusión en Talos que provocó el que se lastimara a si mismo de forma grave en su pierna. La sangre brotó a borbotones de su pierna herida a partir de la única vena como si se tratase de metal líquido. Otra versión del mito dice que Poeas (el padre de Filoctetes) le disparó una flecha a la pierna de Talos  y al quitar la saeta surgió “icor” la sangre de los dioses brotando sin cesar.

Pero no sólo hay relatos de robots míticos en la antiguedad, también hay descripciones en las que se comenta que los artesanos chinos crearon una orquesta mecánica durante la dinastía Han (206 aC – 200 dC). Con posterioridad este tipo de autómatas fueron expandiéndose durante los tiempos de las dinastías Sui (Siglo VI dC) cuando  el Shai Shih t’u Ching fue escrito (el Libro de las excelencias hidráulicas). Mas adelante durante la dinastía Tang, aparece escrito en los documentos que se llegaron a construir pájaros con partes móviles, o nutrias mecánicas que podían tragar peces. No obstante no sabemos a ciencia cierta cuáles eran realmente las funcionalidades de los autómatas descritos en los documentos conservados.

También los griegos antiguos crearon importantes autómatas así como efectos especiales mecánicos que fueron usados con posterioridad en sus templos o para las representaciones de sus tragedias. Es posible que el filosofo y matemático Arquitas de Tarento (400 aC) llegase a construir una paloma de madera que se movía mediante vapor y que podía mover las alas y hasta  alzar el vuelo. También hacia el 270 aC un ingeniero de la antigua Grecia llamado Ctesibo construyó órganos y relojes de agua con figuras móviles, y mas tarde, otro griego, Herón de Alejandria, describe con detalle  los tareas y funcionalidades  de diversos pájaros autómatas en su tratado “Spiritalia seu Pneumatica” (150 aC) y se dice que creó un teatro mecanizado. Finalmente también se nos aparece en diversos relatos la figura del legendario médico Galeno (129 a 199 a c) que llegó  a diseñar un modelo neumático del cuerpo humano.

Muchos siglos después, a partir del  XVII, con la invención del reloj y su comparación con el funcionamiento del cuerpo humano, se suceden los intentos de llegar a materializar este viejo sueño de la humanidad: el mecanicismo entró de lleno en los sueños utópicos de los inventores de autómatas. Por ejemplo, en 1615, Salomon de Caus publicó una interesante colección de planes para autómatas. Más adelante, en 1640, dice la leyenda que Rene Descartes construyó un autómata que lo bautizó con el apodo de “Ma fille Francine”, del cual desgraciadamente no tenemos demasiados detalles aunque se dice que fue lanzado por la borda por el capitán del barco en el que viajaba debido a supersticiones en la navegación.

Las sospechas y desconfianzas que siempre han infundido los robots en la población son patentes en lo sucedido a otro gran inventor como Jacques Vaucanson que mientras recibía formación como jesuita se le ocurrió crear unos ángeles mecánicos voladores que provocaron su expulsión de la orden. Con posterioridad en 1737 Vaucanson creó un músico mecánico que podía llegar a tocar hasta 11 canciones diferentes. También en 1739 crea un pato automático, del cual tenemos ilustraciones y descripciones que dan cuenta de ello,  que podía mover los ojos, los labios y los dedos,  beber, comer, pedalear en el agua y hasta digerir y excretar como si se tratase de un pato vivo, al menos en la apariencia.

También hay figuras muy reconocidas en la historia de la robótica como la del Barón Wolfgang von Kempelen (1734-1804) que creó una máquina parlante y un jugador de ajedrez, aunque diversas fuentes aseguran que con posterioridad se reveló que no era un autómata sino un enano escondido debajo los mecanismos que iba accionando las palancas del jugador.
Fué entonces cuando La Mettrie publicó su famoso tratado “L’homme machine” y en 1774, en  la exposición universal, Pierre Jacquet- Droz presentó un androide que era capaz de escribir “cogito, ergo sum” delante de los ojos incrédulos de sus espectadores. El mecanicismo y el inicio de la era industrial estaban empezando a tomar fuerza, el optimismo tecnológico y la confianza en los valores positivos de la industria empuja el desarrollo de la ciencia y las tecnologías.

Años después se dan los primeros pasos para avanzar de la mecanización a la automatización. En 1801 Joseph-Marie Jacquard inventa un método para controlar los telares usando cartas con agujeros pinchados en ellas, cartas que definian los patrones y facilitaban enormemente el funcionamiento de los telares. Este fue un invento realmente significativo para la producción en la industria textil pero a su vez un paso que inspiró ulteriores desarrollos de máquinas automáticas.  Los desarrollos de Jacquard dan pie a que en 1833 Charles Babbage empiece a trabajar en su Máquina Analítica, una de las primeras maquinas computacionales.  Así con posterioridad en 1847 George Boole inventa la lógica simbólica que mas tarde será utilizada extensamente en las computadoras.

La fusión de los tres inventos hará posible que muchas décadas después, y muchos otros inventos después, se desarrolle la computadora, que supone un paso de gigante en el camino hacia la consecución del ideal de “sirviente automatizado” inscrito en los robots. Con el desarrollo de las computadoras al autómata mecanizado se le va progresivamente dotando de un “cerebro” con capacidad de procesar información de su alrededor, actuar en consecuencia, o simplemente ejecutar ordenes cada vez más complejas. El paso del mito imaginario a la realidad efectiva de los robots es un camino lento y tremendamente costoso que la ciencia y la tecnología no deja de actualizar con los nuevos descubrimientos e invenciones de cada época.

Parace ser que Leonardo da Vinci ya en 1495 ya dibujó planes para un hombre mecánico, pero algunos robots imaginarios son bien conocidos y están instalados en el corazón de nuestro imaginario colectivo y por ello a lo largo de la historia de occidente  encontramos poetas y artistas que han imaginado quimeras de todo tipo, golems, androides, mandrakes, o monstruos, como el caso del monstruo del Dr. Frankenstein de Mary Shelley, Olimpia de  E.T.A Hoffman, Stilla de Julio Verne, el robot de Metrópolis de Fritz Lang o los emblemáticos androides con sentimientos  en la película Blade Runner de Ridley Scott, o hasta los simpáticos robots R2D2 y C3PO de la Guerra de las Galaxias, de George Lucas.
Pero lo cierto es que actualmente los robots reales son bastante diferentes de los imaginarios, aunque muy poco a poco se van aproximando. Hoy un 90% de los robots son robots industriales trabajando en cadenas de montaje donde realizan tareas muy concretas para las que han sido programados. Aún falta mucho para que el deseado “sirviente automatizado” con todas sus funciones integradas funcione plenamente y con garanties. De momento tendremos que conformarnos por separado con buenos robots especializados que bailan, que suben escaleras, que manipulan objetos, que reconocen su entorno, que tocan la trompeta, que incluso tocan la batería para nosotros o que se mueven arrastrandose por el suelo tal y como lo hacen los gusanos.

Mientrastanto artistas-ingenieros en todo el mundo siguen trabajando con el imaginario que despiertan los robots y la robótica, en tanto en cuanto nos dicen algo, o mucho, del hombre y sus preguntas. El uso que se le ha ido dando en la creación artística viene marcada, por un lado, por la fascinación popular que producen sus imaginarios, así como, dentro del contexto del arte contemporáneo, por la nueva dimensión estética del artista como generador de comportamientos, donde este no sólo crea la forma sino las acciones y reacciones del robot en respuesta a los estímulos internos y externos, ya la vez como desarrollador de escenarios comunicativos interactivos en espacios físicos o telemáticos, donde el objeto/sistema percibe el espectador y el entorno.

Los inicios de las experimentaciones artísticas con robótica quizás los podríamos situar alrededor de  las primeras esculturas móviles, como por ejemplo las placas de vidrio rotativas de Marcel Duchamp del 1920, o los ballets mecánicos de los móviles de Alexander Calder. También George Rickey continuó explorando el movimiento como medio creativo, tras sus primeras piezas móviles de vidrio, y apostaba firmemente por una escultura cinética pura basada en los principios de la ingeniería, principios como la oscilación, rotación, movimiento pendular, vibración, etc…

Exposiciones como “Le Mouvement “ en 1955 en la galería Denise René o “Lumière en mouvement”  en 1967 mostraban cómo para los creadores que exploraron el arte cinético el movimiento era el principio creativo que vinculaba arte y vida.

El artista-ingeniero Panamarenko, dando la vuelta a la utopía tecnológica de las máquinas, creaba máquinas voladoras que eran imposibles de hacer volar. Asimismo el artista suizo Jean Tinguely también juega con ironía con las máquinas y las convierte en algo lúdico y no restringido a especialistas. Genera una doble función de sus esculturas-máquina dónde su eficacia práctica queda reducida al absurdo y a la vez rinde homenaje a la fascinación por el universo mecánico. Obras como la serie Meta-matics 1958-59 (imagen lateral) son un claro ejemplo de este mundo mecánico reconciliado con la humanidad.

Tras el arte cinético y las experimentaciones con arte y tecnología a través de las acciones del grupo de EAT (Experiments in Art and Technology), la máquina se reintroduce en el corazón del debate artístico y encontramos trabajos absolutamente pioneros como el de Nicolas Schöffer con su Cybernetic CYSP1 (Spatiodynamic Sculpture) del 1956. En esta pieza (imagen debajo), construida con sensores y componentes electrónicos analógicos, un conjunto de movimientos respondían a la presencia de los observadores y, de esta manera, pasando de la electromecánica a la electrónica, se establecía un puente entre el arte cinético y el arte robótica.

Como dice Burnham mas adelante en su influyente tratado Beyond Modern Sculpture:

“la fusión contemporánea  de la escultura con los autómatas es el reconocimiento que la escultura debia ser deformada, mutilada, encapsulada, y convertida en sensualmente repelente antes de que pudiese ser llamada correctamente una maquina. Duchamp aparece como místico del industrialismo, y Dennis Oppenheim después le sucedió con sus esculturas pseudo-industriales e instalaciones, mientras que Jean Tinguely nos tranquilizó con sus sátiras de maquinas y Takis  demostró la quieta belleza metafísica del electromagnetismo: ellos permanecen aun en los confines seguros de las máquinas tangibles, las maquinas no dejan de ser objetos materiales después de todo, y son herederos del “poder de lo tangible”.

Posteriormente muchos otros artistas experimentaron con la robótica y con su imaginario tecnoutópico o tecnofatalista, cada uno de muy diversa manera, construyendo con los materiales y las ideas asociadas proyectos de todo tipo. Nam June Paik, por ejemplo, creó su Robot K-456 (1965) y hasta llegó a hacer una performance llamada “The First Catastrophe of the Twenty-First Century”  en la que, con no poca ironía y humor crítico,  un robot era atropellado al cruzar el paso de peatones de una calle cualquiera.

Hoy la robótica fusionada con la informática se ha popularizado tremendamente gracias a la creciente accesibilidad de las tecnologías implicadas, y si bien continuan desarrollándose proyectos pioneros de investigación en todas partes del mundo, también cada vez más hay una apropiación popular de los materiales, técnicas e ideas asociadas al mundo de la robótica. Podríamos citar centenares o miles de ejemplos desarrollados por artistas e ingenieros creativos que llevan años explorando sus posibilidades, desarrollando proyectos que han sido expuestos en centros culturales, artísticos o también en centros de divulgación científica y tecnológica. Dejamos para otro post el profundizar en estas prácticas de fusión ejemplar de la robótica con las artes.

Pero no podemos acabar el post sin citar a algunos artistas emblemáticos que han explorado esta fascinante relación, como por ejemplo Stelarc (con su brazo robótico símbolo de la obsolescencia del cuerpo y la transformación en cyborgs), Marcel.lí Antunez , (con la extensión y amplificación de los sentidos corporales), Eduardo Kac , (y la creación de la sensación de telepresencia con su robot ornitorrinco) Ken Goldberg , (y su robot jardinero telecomandado) Institute for Applied Autonomy , (y los divertidos robots grafiteros para zonas de conflicto o peligrosas), Simon Penny (y sus robots descontrolados que adquieren de repente personalidad propia) etc …Estos son algunos de los artistas más representativos de este fascinante arte robótico que sacude nuestra imaginación con sus utopías y distopías, poblando de imágenes nuestros sueños esperanzadores … o las pesadillas más perturbadores