La autenticidad y sus paradojas

Durante el curso pasado, la asignatura Arte, consumo y cultura popular se centró en trabajar cómo la idea de “autenticidad” articula en la actualidad la manera como experimentamos la conexión entre cultura y sociedad. Esto lo hicimos en tres pasos: en primer lugar, clarificando que se esconde detrás del concepto de cultura y porque la evolución histórica del concepto es inseparable del proceso de industrialización y de las ideas de democracia y desigualdad. En segundo lugar, trabajando aquellas miradas que nos ayudan a entender la conexión entre cultura y desigualdad social, el carácter estructurado y estructurante de la cultura. Finalmente, analizando la cultura como espacio de creatividad, de resistencia y también de autenticidad.

Gracias a este recorrido, conseguimos sentar las bases para un análisis serio que en vez de evitar las principales paradojas y problemas de nuestros discursos sobre la cultura los ponga en el centro dela discusión. Nos enfrentamos, por ejemplo, a la tensión entre elitismo y populismo cultural; o entre conformidad o determinación social, por un lado, y creatividad y libertad, por el otro. Es así como situamos la idea de “autenticidad” y sus problemas como un aspecto central en la manera como pensamos la tensión entre cultura y sociedad.

El curso pasado el invitado fue Bill Osgerby. A partir de la lectura de dos capítulos de su libro Youth Media (2004, Routledge), pudimos discutir como el desarrollo de la industria cultural ligada a las culturas juveniles condiciona el contexto en el cual los jóvenes dan sentido a su existencia. A partir del análisis histórico de la segmentación primero del mercado juvenil en relación al adulto, y después del propio mercado juvenil en infinidad de diferenciaciones internas, discutimos la siempre compleja articulación entre cultura y sociedad. Aspectos como la tensión entre las grandes corporaciones y la industria llamada “independiente”, o sobre la idea según la cual las nuevas generaciones podrían ser más lúcidas  decodificando la cultura popular, las enmarcamos así en procesos más amplios como la transacionalización o la concentración en grandes conglomerados, por un lado, y la conexión entre la industria cultural y la contracultura de los años 60 y la ethics of fun.

Los textos de Osgerby también nos sirvieron para entender la importancia de las “representaciones” de los jóvenes en los medios de comunicación y la publicidad. Pudimos discutir, así, cómo las estrategias comerciales de la publicidad, el cine o la televisión generaban unas representaciones dominantes sobre lo joven, escindidas entre el joven como peligro y el joven como promesa, que tenían consecuencias en la manera como los mismos jóvenes dan sentido al mundo que los rodea y la posición que ocupan en él. En primer lugar, porque lo joven como promesa, como jovialidad y dinamismo, aparca a un lugar invisible las desigualdades oportunidades según posición social. Y en segundo lugar, porque la representación de lo joven como amenaza responde a una mirada de clase media y su ansiedad en relación a las clases populares, es decir, a la construcción de lo que es ser respetable a partir de su oposición a lo que no lo es, que dependiendo del momento histórico puede ser el rock’n’roll, los comics, los hooligans, los gansters, el rap o la violencia en Internet.

El diálogo con Osgerby fue así un punto de partida excelente para discutir las grandes paradojas de los discursos sobre la autenticidad en la cultura contemporánea.

MÁS INFORMACIÓN:

  •  Reseña sobre tres libros sobre la autenticidad en el Bloc de Artes y Humanidades de la UOC (en catalán).
  •  Video “From Cultural Populism to Cool Capitalism”, de Jim McGuigan, para la asignatura en su participación en ediciones anteriores  (en inglés).
  • Video “Socyosymbolic Analysis and Homology”, de Paul Willis, para la asignatura en su participación en ediciones anteriores (en inglés).
Anuncios