Manifiesto para una teoría de la Nueva Estética

Tras la apresurada e inconsistente formulación del interesante concepto de una “Nueva Estética” (New Aesthetic) por parte del diseñador James Bridle (que analicé en este post hace unos meses), el artista e investigador Curt Cloninger se ha tomado la labor con mayor seriedad en un artículo titulado “Manifesto for a Theory of the «New Aesthetic»”, publicado el pasado 3 de octubre en la revista Mute.

Sin duda, la Nueva Estética (NE) merece un desarrollo a nivel teórico más profundo de lo que Bridle podía ofrecer y una reflexión más atenta y prudente, ajena a la rápida y banal difusión de la que fue objeto gracias al artículo publicado por Bruce Sterling y las posteriores réplicas en otros blogs. Cloninger de hecho no pretende aquí definir la NE ni ofrecer una teoría específica, sino que elabora un “manifiesto para una teoría”, subrayando ante todo las percepciones erróneas que ha suscitado este concepto y ofreciendo unas claves para su posible desarrollo posterior.

¿Qué es la Nueva Estética?

Citando a Guy Débord, Cloninger describe la NE como una acumulación de tecnología hasta el punto en que se convierte en imagen. En este sentido, es una imagen que percibimos, adivinamos, antes de entenderla como tal. Las imágenes, las formas de representar el mundo y los fallos generados por las máquinas constituyen en cierto modo una nueva “estética”, que se hace inmediatamente reconocible precisamente porque no es nueva, sino que está presente desde hace décadas, y ya venía siendo intuida por artistas y teóricos desde hace tiempo, si bien no se había formalizado con este término. Cloninger indica al respecto que es en este momento cuando surge la discusión acerca de una Nueva Estética porque “la tecnología se ha acumulado hasta el punto en que puede ser fácil y ampliamente reconocida como una colección de imágenes en Tumblr sin necesidad de ser explicada ni apoyada por ningún tipo de teoría.”

De forma similar a lo que sucede con el término “New Media Art” (arte de los nuevos medios), el uso del adjetivo “nuevo” rompe con cualquier tipo de limitación ontológica y permite admitir todo tipo de manifestaciones que se produzcan en el presente o el futuro. Cloninger añade que no se puede hablar de una única estética, puesto que los distintos tipos de generación de imágenes por medio de máquinas (ya sean las cámaras de Google Maps, el código generativo o los fallos que se producen en todo tipo de soportes visuales) producen sus propias “estéticas”.

Por otra parte, no se puede hablar de la Nueva Estética como el resultado de un acto consciente por parte de un “creador”, sino que se trata del resultado de un proceso generado por una máquina, con una participación parcial por parte de los humanos, que es interpretada por los humanos. Según lo plantea Cloninger:

“Las imágenes de la NE se producen por medio de sistemas que combinan naturaleza y cultura. Por ello, la voluntad humana siempre está parcialmente involucrada en su producción, pero en raras ocasiones será una voluntad estética dirigida a la producción de imágenes de la NE. […] Las imágenes de la Nueva Estética no son representativas, análogas, arquetípicas, emblemáticas o simbólicas de ninguna otra cosa. Son las huellas y residuos de procesos y relaciones.”

Jon Rafman, 9 Eyes (http://9-eyes.com/)

Reflexiones para una teoría de la Nueva Estética

No hay, por tanto, una “estética” de la máquina o una “visión” robótica, sino una interpretación por parte de los humanos de las imágenes generadas por las máquinas. Cloninger presenta aquí el ejemplo del proyecto 9 Eyes del artista Jon Rafman, una colección de imágenes de Google Street View seleccionadas por Rafman que muestran composiciones o contenidos sorprendentes, similares a los que captaría un hábil fotógrafo, pero que han sido generadas por la combinación entre la tecnología de Google y el azar. En este caso, el valor no radica en el “ojo” del dispositivo que ha captado las imágenes, sino en la capacidad de Rafman para identificar aquellas imágenes que tienen un valor particular. De la misma manera, en la imagen que encabeza este artículo, captada por un (decepcionado) usuario de Apple Maps, no es la fallida aplicación la que genera una imagen interesante, sino que es el ojo humano el que extrae una lectura “estética” de lo que la máquina consideraría un simple error.

Cloninger propone por tanto que ignoremos la tentación de asignar a las máquinas una “sabiduría” o una cierta “conciencia”, sino que podemos, en todo caso, referirnos al concepto de lo siniestro, como apunta Freud, en cuanto las imágenes de la NE se sitúan entre lo que nos es conocido y lo extraño o desconcertante. Estas imágenes suscitan precisamente la idea de una conciencia o intención en la máquina, lo cual genera una sensación similar a la que tenemos, por ejemplo, con un robot cuya apariencia es demasiado similar a la de un ser humano.

Recurriendo a Heidegger, se pueden emplear los conceptos de vorhandenheit (“estar-ahí”) y  zuhandenheit (“estar a mano”) para explicar que lo que muestra la NE ya estaba ahí, pero no había estado a mano, no lo habíamos visto de esta manera hasta ahora, de la misma manera en que el carpintero sólo reflexiona acerca del martillo cuando este se rompe y no funciona como debería.

Haciendo referencia a Bruno Latour, podría decirse que las imágenes de la NE rompen con la convicción de que el ser humano domina su entorno, y nos muestra la realidad de unos sistemas que están fuera de nuestro control. En este sentido, también podemos recuperar el concepto de lo sublime en Kant, en cuanto son imágenes que pueden suscitar terror y fascinación por mostrarnos aquello que escapa a nuestro dominio. Llegados a este punto, Cloninger sugiere que “las imágenes de la NE retan a los seres humanos a re-imaginar «lo humano», «el ser» y «el mundo» de nuevo.”

¿Qué podemos hacer con la Nueva Estética?

Curt Cloninger concluye su artículo proponiendo una reflexión acerca de lo que nos plantea la Nueva Estética, no como algo generado por máquinas, sino como el descubrimiento de nuestras relaciones con una serie de sistemas que ya forman parte de nuestro mundo. Una de las conclusiones a las que podemos llegar es la constatación de nuestra forma de experimentar todo lo que nos rodea de una forma afectiva antes que cognitiva (de ahí la percepción de una imagen generada por la máquina como una muestra de la “vida interior” de la máquina), la otra que hemos llegado a un punto en que la Nueva Estética se ha convertido en una imagen, que se presenta ante nosotros y requiere un análisis que vaya más allá de una cuenta en Tumblr y una serie de artículos en blogs. Quizá lo primero que debamos hacer consista en reflexionar no sobre la propia imagen, sino sobre los sistemas que la han generado, como indica el autor:

“Probablemente, deberíamos dedicar algún tiempo a hacernos una idea de cómo funcionan y fluyen estos sistemas para modularlos (o sabotearlos) de forma más efectiva”

Cloninger plantea así la necesidad de pasar del término de moda a la reflexión seria acerca de la Nueva Estética. El manifiesto está escrito, falta la teoría. 

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