Carlo Zanni: Oroboro o cómo romper el círculo vicioso del mercado del arte

oroboro

Hasta el 25 de abril, la Marsèlleria de Milán acoge, coincidiendo con el Salone de Mobile 2014,  la muestra Oroboroen la que el artista Carlo Zanni presenta un diálogo entre sus obras de arte digital y una selección de objetos de diseño creados por Raw-Edges, Ilaria Innocenti, Giorgia ZanellatoMirko Rizzi. La muestra tiene lugar, notablemente, en ocho mesas (no hay obras en las paredes), en las que Zanni ha dispuesto los objetos seleccionados junto con una serie de obras de arte digital en formato ViBo (Video Book), un soporte descubierto por el artista y reutilizado con la finalidad de alojar obras de arte. El ViBo es un estuche con forma de libro, similar al de un CD, que contiene un reproductor de vídeo integrado con puerto USB y entrada para auriculares. Este formato, fácilmente manejable, supone una interesante solución para coleccionar y ver obras de vídeo arte, o en este caso vídeos derivados de diversos proyectos realizados por Zanni en Internet a lo largo de los últimos años: Self-Portrait With Dog (2008), Iterating My Way Into Oblivion (2010), Self-Portrait With Friends (i fannulloni) (2012) y The Sandman (2013). Los ViBo se muestran en un soporte diseñado por Ilaria Innocenti que emplea técnicas manuales de producción en arcilla.

Carlo Zanni, The Sandman, 2013.

 

En esta muestra, Zanni continúa desarrollando su posición acerca de la comercialización del arte digital (que comento en este otro post), que explora desde hace más de una década como artista vinculado al net art, que sin embargo trabaja también en una gran variedad de formatos (desde la pintura a la instalación, escultura y vídeo). Los proyectos que integra en esta exposición se han elaborado principalmente en Internet, vinculado tanto a la cultura digital como a la condición de Zanni como artista. El ViBo es un nuevo formato con el que explora el posible equilibrio entre la “inmaterialidad” de una obra que no se reduce a un único objeto, pero requiere de un soporte que puede ser variable (ordenador, proyección, pantalla, dispositivo móvil) y los requisitos del mercado del arte, basado en la escasez, la exclusividad y los precios elevados.

En una entrevista con la comisaria Laura Barreca, el artista explica que ve esta exposición como una obra en proceso, concepto que enlaza toda su obra. Esto se ve reflejado en el uso de mesas en lugar de paredes: “Para mí la mesa simboliza el estudio, la investigación, el cansancio, el esfuerzo, el éxito y el fracaso”, afirma Zanni. “La pared, en contra, es el show, la exposición por antonomasia. Y demasiado a menudo, el show se lo come todo. El show ya es la exposición y a menudo las obras sólo son detalles intercambiables.” Al combinar sus obras, ya presentadas en un formato alejado de lo habitual, con obras de diseño, el artista introduce otra lectura en la que intervienen sus ideas acerca del mercado del arte: no el interesa establecer comparaciones entre arte y diseño, sino establecer un diálogo más allá de los objetos, que alcance a los discursos, los sistemas y las comunidades que los rodean, para que “el arte tome nuevos caminos de producción y distribución, inspirándose en la parte más sana del mundo del diseño y la música.”

La referencia al diseño y la música no es casual, puesto que Zanni ya ha experimentado con un formato de “pago por visión” (que sería similar al de servicios de streaming de cine y música) con su obra My Country is a Living Room (2011) y mantiene que no tiene sentido aplicar el modelo tradicional del mercado del arte, basado en objetos únicos o en ediciones muy restringidas a precios muy altos, para un tipo de obra que es por naturaleza múltiple. “Quiero liberar a este tipo de arte de la dictadura del precio que demasiado a menudo es el único indicador empleado para determinar la calidad de una obra de arte”, indica Zanni. “Esta actitud proviene de la venta de objetos únicos, deriva de esta limitación. Pero aquí se trata de obras de vídeo y new media, obras que deben reproducirse para manifestarse, como los films. Al crear copias de sí mismas, la distinción entre original y copia deja de tener sentido.” El artista aplica este principio con la distribución de sus obras de ViBo, sin limitación de copias y sin firmar, a 120€. Si bien considera que este precio es “aún muy caro”, espera que pueda popularizarse y que otros artistas puedan emplearlo en el futuro.

 

 

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